La ciudad de México se encuentra al borde de un colapso ambiental. Los altos niveles de contaminación del aire en la capital del país son alarmantes; y aunque este fenómeno tiene diversas lecturas, no podemos dejar de mencionar una serie de malas decisiones y de políticas públicas de corto plazo, que propiciaron la situación actual de emergencia.

Por ejemplo, ¿Quiénes permitieron que la ciudad se saturara de vehículos? ¿Qué resultados tiene el programa Hoy no Circula? ¿Qué otras medidas se han adoptado para solucionar esta problemática ambiental? ¿Hay responsables de esta emergencia ambiental?

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Ciudad de México. Invivible. FOTO: Agencias

Por principio de cuentas existe una percepción cultural (hasta diría aristocrática) del uso del vehículo en la psique del mexicano. De manera marcada, la clase media del país descansa muchas de sus aspiraciones de vida en su carro. Esto es, dependiendo de su marca, dimensiones y equipamiento, se etiqueta a las personas: entre más costoso el vehículo mejor persona, entre más grande (camioneta) mayor poder adquisitivo y entre más deportivo más cercano al modelo de vida exitosa. En suma, en este país se ha construido una idea errónea (fomentada por la industria automotriz) de un uso masivo del automóvil, y se reproduce – sin razón -, la idea de que el carro procura comodidad, seguridad y felicidad según los estándares del mercado.

Bajo esta dinámica, restringir el uso del vehículo en la capital es equivalente a sustraer de las personas una cosa que durante años han considerado indispensable para poder vivir. No sólo eso, es un bien que lo empodera en una ciudad que ha beneficiado desde hace décadas la movilidad a través del automóvil.

La Ciudad de México y área conurbada, sólo es posible recorrerse a través de un automóvil (o pésimo transporte público) debido a su modelo de crecimiento y su carente planeación urbana. Justo ahí descansa otro argumento para entender el desastre ambiental de la ciudad de México; a través de su ineficiente planeación.

Recordemos que como producto de la industrialización y modernización del país se desarrollaron grandes polos de atracción de población en las ciudades. Además de Monterrey y Guadalajara, la Ciudad de México, creció de manera desproporcionada. Siguiendo un modelo de crecimiento vertical esta ciudad se expandió sin medida y sin control generando largas distancias y problemas de movilidad para las personas. Para tratar de solucionar ese problema se autorizaron camiones, taxis, microbuses, combis, etc; en distintos puntos de la ciudad. Sin embargo, la población creció y en la misma proporción creció el parque vehicular del transporte público, sin regulación y control. En consecuencia tenemos ahora una ciudad con altos niveles de contaminación por la emisión de particular de miles y miles de vehículos que saturan la ciudad.

El programa “Hoy no circula” y su endurecimiento en estos días no soluciona el problema. No es – ni por asomo – una medida que se pueda adoptar a largo plazo. Castiga de manera drástica e inmediata la circulación de autos pero debe ser sustituido por un programa más ambicioso y de largo plazo, que procure soluciones definitivas a esta emergencia ambiental.

Para tal efecto, es necesario pensar en otras medias. Por ejemplo, es indispensable invertir en transporte público de bajas emisiones (metrobus, metro o tren), desincentivar el uso del automóvil (aumentando el costo de gasolina, de tarifas de estacionamiento, de tenencias y otros impuestos), reordenar la ciudad a través de un novedoso plan urbano (crecimiento horizontal de zonas habitacionales, calles exclusivas de uso peatonal, transporte escolar obligatorio, entre otras), descentralizar los servicios administrativos y gubernamentales (sacar del área metropolitana las oficinas de gobierno, por ejemplo el Poder Legislativo y Judicial), vender la mayor parte de los vehículos oficiales (por citar sólo un ejemplo; las Secretarías de Estado tienen bajo su resguardo un parque vehicular injustificable: los subsecretarios, directores y administrativos tienen carros oficiales además de los particulares).

Lo que ocurre en la Ciudad de México debe ser tomado en cuenta en ciudades medianas donde se están copiando los mismos modelos fallidos de crecimiento.

En Pachuca, por ejemplo, se introdujo recientemente el sistema de transporte colectivo Tuzobús con resultados desafortunados. No existió una evaluación pertinente para su operación y a pocos meses de iniciar su servicio los usuarios se quejaron (lo siguen haciendo). Es una desgracia que la única ocasión en que las autoridades han tratado de reordenar el transporte público en Pachuca les haya salido tan mal. Porque lo que hicieron antes fue – igual que en otras ciudades – saturar de transporte público las principales arterias de Pachuca. Aún más, hubo gobernadores, secretarios y encargados del transporte en el estado de Hidalgo, que pagaron favores políticos autorizando concesiones de taxi. De esta manera, tenemos ahora una cantidad desproporcionada de vehículos que buscan pasaje desesperadamente. A ello obedece, en parte, los accidentes automovilísticos tan frecuentes en la ciudad.

Tuzobús. Error. FOTO: Quadratín Hidalgo

Tuzobús. Error. FOTO: Quadratín Hidalgo

En suma, los gobiernos tienen la responsabilidad de procurar medidas eficientes para solucionar los problemas de una sociedad. En ese sentido, esas medidas deben ser pertinentes y con un enfoque de largo plazo. La situación que vive la Ciudad de México es un buen ejemplo de todo lo que no se debe de hacer. Esta emergencia ambiental pone de manifiesto una larga lista de malas decisiones y corrupción. Ojalá que esto no ocurra en otras ciudades.

Twitter: @2010_enrique
Correo: uam_lore04@hotmail.com

Enrique Lopez Rivera

Enrique Lopez Rivera

Politólogo hidalguense, doctor en Estudios Sociales. Autor de la tesis "En busca del ciudadano perdido, participación y abstencionismo en una provincia mexicana" (España) y coautor del libro "La reconfiguración de la hegemonía priísta, una lectura desde al ámbito local" (Plaza y Valdés, México). Columnista.
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