Republican presidential candidate Donald Trump speaks to supporters as he takes the stage for a campaign event in Dallas, Monday, Sept. 14, 2015. (AP Photo/LM Otero)

Donalf Trump se prepara para emitir un discurso ante sus simpatizantes durante un evento en Dallas, Texas, el 14 de septiembre de 2015. FOTO: LM Otero/AP

RADIOGRAFÍA

Ampuloso, fanfarrón, bocón, misógino. xenófobo o racista, bufón del establishment, Trump es todo eso, pero también es el nuevo Presidente de Estados Unidos, el país hegemónico por excelencia.

¿Y por que ganó este candidato a todas luces impresentable? Ganó porque fue el que pudo responder a las demandas del pueblo norteamericano. Sí, así como lo leen, las demandas del pueblo estadounidense por recuperar su economía, por mirar más hacia dentro y menos hacia la política exterior, menos guerra y mayor prosperidad, mas blancos y menos latinos, en fin, votó a quien supo leer mejor las demandas por sobre el deseo del establishment.

Ganó Donald Trump, un empresario que supo de cúspides y de bancarrotas, de recuperación y convencido del “sueño americano”. Si creen que son elogios se equivocan, solo es la descripción del estadounidense promedio.
A Trump lo votaron los afromaericanos, fíjense en las victorias en los estados del sur de Estados Unidos, y la pregunta surge sola: ¿No era Trump un racista confeso?

¿EL FIN DE AS ENCUESTADORAS?

Triunfó Trump contra todas las expectativas, contra todas las encuestas, contra todo pronóstico y contra todas las preferencias políticas, tanto de derecha como de izquierda – si aún existe derecha e izquierda -. Hasta los latinos tan vilipendiados por la diatriba xenófoba de Trump lo han votado, hasta las mujeres despreciadas por el magnate lo han votado, pero por sobre todas las cosas, el pueblo lo ha votado.

¿Acaso Trump es la nueva esperanza blanca? Ese eslogan tan utilizado en el boxeo norteamericano para encumbrar al representante de la etnia dominante del país del norte, contra tanta hegemonía afro en ese deporte. Trump puede ser para los norteamericanos la gran esperanza blanca, o la ballena azul, lo que importa aquí es analizar qué consecuencias puede acarrear su designación para los pueblos del mundo.

Es sabido que los Estados Unidos  está controlado por élites supranacionales, pero ni estas pudieron impedir que el inesperado millonario se convierta en presidente. Pueden controlar las políticas entre bambalinas, pero no pueden controlar el dedo del votante.

GRANDES INCÓGNITAS

Se presentan interrogantes en todos los campos, el político local, el político exterior, la economía interna y los tratados comerciales.

Según el candidato ganador, su política interna apunta a recuperar la “grandeza” estadounidense, impidiendo la inmigración ilegal, expulsando a los indocumentados, y poniendo en orden la población. En materia de política internacional, ya expresó su deseo de poner fin al tema Siria, Hillary también lo hizo, pero la gran diferencia estriba en el cómo. Y el cómo de Trump se vislumbra cuando lanzó la pregunta acerca de a quien iban a apoyar, si a los terroristas creados por Hillary, o a quien lucha contra el terrorismo, dejando en evidencia a su contrincante y ganándose de paso la media sonrisa de Vladimir Putin.

Mezclado entre los tratados de libre comercio que Trump desea desmantelar, se filtra un conflicto que afectará a los socios de los Estados Unidos, que incluso abarca a países esperanzados en asociarse, como la República Argentina, a través del TTP (Tratado Transpacífico), integrado entre otros por EEUU, Japón, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam.

Trump apunta a medidas proteccionistas para garantizar la recuperación interna de su país, y coaccionar a través de estas medidas, comercios menos equilibrados, haciendo valer su moneda de uso internacional transaccional como el arma principal para lograr su cometido.

El otro tratado que se propone abandonar es el TLCAN, compuesto por EE.UU, México y Canadá, o sea sus vecinos del norte y del sur. Realmente apuestas arriesgadas si tenemos en cuenta que son sus fronteras inmediatas. Trump ha puesto al mundo de cabeza con su triunfo, no es lo que establishment político mundial esperaba, pero a los votantes estadounidenses ¿Que les importa el resto del mundo?

¿POR QUÉ GANÓ?

El triunfo de Donald Trump tiene su gran explicación justamente en la figura de su contrincante. Hillary Clinton trae un bagaje bastante cargado de negatividad en su persona. Desde su actitud en el affaire Lewinski de su marido -lo más inofensivo- hasta su papel como secretaria de Estado.

Escándalo tras escándalo, su impronta guerrerista sumada a secretos revelados de crear grupos terroristas y los correos dados a conocer con la hermandad musulmana, todo en relación con la invasión a terceros países y el objetivo de dominación, terminaron minando su imagen.

Tampoco pudo instalar su condición de mujer para llegar a la Casa Blanca, el pueblo estadounidense puede soportar la innovación de un candidato afroamericano, pero su patriarcal idiosincrasia jamás iba a aceptar otra novedad y menos en cuerpo de mujer.

Trump ganó poniendo de relive el “american way of life”. Es estilo de vida norteamericano.

LO QUE VENDRÁ…

Es una absoluta incertidumbre, al menos en materia de política exterior. Sus decisiones pueden cambiar la situación política internacional de manera radical, al menos hasta que los lobbys le impongan lo contrario, pero esto va a llevar un tiempo, no es inmediato.

Trump debe ocuparse de cumplir con su palabra a sus votantes, y a pesar de su fama de bocón, no lo acusan de mentiroso.

El mundo, quizás por un corto o mediano plazo, pueda respirar un poco, el novel presidente debe ocuparse de su país antes de mirar al resto del mundo, todo a su tiempo.

Galeb Moussa

Galeb Moussa

Periodista, hijo de periodista. Analista político internacional, musulmán y argentino.
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