Periodistas que renuncian

La inclusión de periodistas en la lista de aviadores del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en Hidalgo, es el resultado inmediato de la política de censura de la palabra crítica en los medios de comunicación. Y más aún, muestra fehaciente de que en este Estado, como prácticamente en todo México, la vía de la “prensa libre y democrática” está cancelada mientras se privilegie la propiedad privada de los medios de comunicación por encima de la libertad de información.

El gobernador de la entidad, el priista Miguel Ángel Osorio Chong, ha actuado como sus antecesores al orillar a los periodistas a signar “Convenios de Apoyo a la Información” mediante los cuales se protege de notas y columnas duras, mientras asegura la publicación de datos cómodos directamente proporcionales a su plan de imagen pública. Esto no es algo desconocido en la República mexicana: donde políticos de los tres niveles de Gobierno, jueces, secretarios, dirigentes partidistas y empresarios, esconden el legal y legítimo pago de publicidad oficial mediante la promoción de un periodismo domesticado.

Y con vergüenza se observa la variable de tal conducta corruptora. Que de tal proteccionismo es la cantidad de fajos de billetes, de ceros con todo y ligas, que le son depositados o pasan a recoger reporteros, columnistas y dueños de medios a las oficinas de cualesquiera de las dependencias que forman parte de la amplia red de intereses político-económico-periodísticos.

Por supuesto, un negocio mucho más rentable que cumplir con los protocolos de pago de pautas oficiales, facturadas y transparentes, sin que ello signifique el condicionamiento de la línea editorial. De tal modo, la ciudadanía recibe del periodismo, todos los días y en todos los horarios, un abrumador bombardeo de frases huecas, titulares esquizofrénicos y fotografías simples que poco o nada refleja la realidad. Para eso se le paga a los medios. Para decirlo todo y no decir nada. Para callarlo todo, llenándose la boca de migajas.

Sin embargo, a eso se han acostumbrado algunos periodistas de aquí, de allá y de siempre. Hombres y mujeres de familia, trabajadores, mediocres, profesionales, jóvenes y viejos, víctimas y victimarios del modo capitalista de producción mediática que enajena al ser y lo priva de su libertad inherente. Quienes sucumben a la tentación económica por interés o necesidad, renunciando, incuso, a sí mismos.

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