Penchyna Grub: “Señor, no te pido…”

En David Penchyna cristalizó el refrán: “¡Señor no te pido que me des, si no que me pongas donde hay!”. Y el Señor –Enrique Peña Nieto– le concedió su deseo: lo nombró director general del barril sin fondo en que se ha convertido el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit).

Penchyna Grub sabía y sabe despacharse con la cuchara grande. Antes de abandonar la dirección general del Infonavit su sueldo mensual era de 745 mil pesos, mucho más que el de un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y seis veces más que el del presidente López Obrador.

Penchyna obtenía ese descomunal ingreso desde 2015 hasta su relevo en diciembre de 2018.

El dominio de Penchyna en cómo hacer negocios se hizo notar poco después de que el presidente Peña Nieto, en compensación por no haberlo colocado como gobernador del estado de Hidalgo, lo puso al frente del Infonavit.

El expeditivo Penchyna implantó, entre otros métodos, el Mejoravit, programa que obligaba a los derechohabientes, que pretendían remozar sus casas, a adquirir todos los materiales mediante bonos canjeables en ferreterías y distribuidoras de materiales para construcción afines a los designios del titular del Infonavit o de los compinches.

Cada compra tendía que pagarse con los consabidos y elevados intereses del agiotista Instituto de la Vivienda.

Obviamente, no era necesario consultar a un adivino para saber que el Infonavit—o los funcionarios dueños de esas empresas distribuidoras de materiales—obtenía pingües ganancias por esa mañosa triangulación. Y más que obvio, que el inventor de esas transacciones también recibiría un porcentaje, comúnmente llamada “mochada” entre los políticos del calibre del exdiputado federal y exsenador David Penchyna.

El colmillo de Penchyna, comparable a un buscón de tesoros, comenzó a desarrollarse en la década de 1980 al desempeñar diversos cargos: director de concertación de vivienda de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL); subdirector general de Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores; director general de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).

Asimismo, secretario de los consejos de administración de la comisión nacional del Fondo Nacional de Apoyo a Empresas Sociales (FONAES), Zonas Áridas (Conaza), Programa de Educación, Salud y Alimentación (Progresa), Comisión Reguladora de la Tenencia de la Tierra (Corett), Distribuidora e Impulsora Comercial Conasupo, S.A. (Diconsa), Fideicomiso de Liquidación al Subsidio a la Tortilla (Fidelist), y Leche Industrializada Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Liconsa).

Diputado federal, integrante de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública; secretario de Desarrollo Económico del estado de Hidalgo; secretario estatal de Desarrollo Social; presidente de la Comisión de Energía del Senado.

Se dice que el verbo hubiera no existe y, que bueno, porque ¿cómo nos hubiera ido con Penchyna como gobernador del estado de Hidalgo?

Un roto o un descosido

Un poco de historia para refrescar la memoria: en septiembre de 2011, el diputado federal David Penchyna Grub alzó la mano para reclamar ser candidato a una senaduría por Hidalgo, pues dijo ser un político diestro, preparado y probado, y no un producto de experimentos, pues argumentó que Hidalgo necesitaba buscar la apertura de la clase política y no la asfixia, como antes que la gente del PRI aceptaba “lo que viniera o quien viniera”, pues era lo mismo “un roto que un descosido”.

Entre los muchos ejemplos, en David Penchyna está encarnado algo de lo peor de las administraciones priistas, con resultados negativos, múltiples y fraudulentas componendas, alianzas gansteriles en Pemex y emolumentos dispendiosos como en el Infonavit. ¡Lástima, Margarito!

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