por Pedro González Munné

El panorama gris para los demócratas en las próximas elecciones de Noviembre para la legislatura federal norteamericana y la popularidad en caída del actual ocupante de la Casa Blanca, ponen en la nevera las esperanzas de quienes predecían una flexibilización de restricciones de los viajes de norteamericanos a la isla y un resultado positivo de las conversaciones para la liberación de Alan Gross, el espía preso en La Habana desde diciembre de 2009 y la liberación de Los Cinco, tres ciudadanos cubanos y dos norteamericanos,cumpliendo largas condenas de cárcel en Estados Unidos, o al menos visados a las esposas de dos de ellos para que los visiten.

La visita reciente a La Habana del senador demócrata Christopher Dodd y las conversaciones del subsecretario de estado Arturo Valenzuela con el canciller cubano Bruno Rodríguez en Nueva York, no pasaron del intercambio sobre ron y café cubano: ni siquiera llegaron a tratar el restablecimiento del correo directo entre ambos países y el mejoramiento de las regulaciones migratorias que afectan a 2 millones de cubanos y descendientes en los Estados Unidos y Puerto Rico.

Los tímidos e insuficientes intercambios culturales, al nivel de la visita del estrellas del arte cubano como Silvio Rodríguez, Alicia Alonso u orquestas como Los Van Van o la Aragón, no pasan más allá de algunos titulares y de aisladas presentaciones afortunadas en un solo sentido, pues la necesaria reciprocidad hacia la isla no ha pasado de elitistas clásicos, de danza o jazz, sin influencia mayor entre los cubanos.

Desde la órbita del Departamento de Estado norteamericano

Aunque existiera una intención -que no la veo-, la posición de la Zarina de las relaciones exteriores norteamericanas, la Sra. Hilary Clinton y su equipo, es totalmente contraria a un avance en las relaciones entre ambos países y no podemos olvidar sus declaraciones hace unos meses en la Universidad de Louisville en Kentucky de que el liderazgo cubano no estaba interesado en normalizar las relaciones porque ello “les haría perder su excusa por el estado del país”.

La respuesta cubana fue de acusar a Estados Unidos, la Unión Europea y la prensa internacional de una campaña mediática contra Cuba, como dijera el periódico del Partido Comunista de Cuba, Granma, el principal de la isla: “El imperio y sus aliados han lanzado una nueva cruzada tratando de demonizar a Cuba y desestabilizar al país”, decía el editorial en la primera plana.

El propio Canciller cubano aseguró que la isla ha perdido más de $96 mil millones de dólares a consecuencia del embargo y acusó al Presidente Obama de no “hacer lo suficiente” para terminarlo, a pesar de sus promesas de mejorar las relaciones y dijo además Bruno Rodríguez que el bloqueo era “obsoleto e inaceptable y debería ser levantado”. La respuesta de la Administración norteamericana fue extenderlo por otro año.

Una política unilateral

El embargo norteamericano es una agresión directa al pueblo cubano, dirigido a rendir por hambre a una nación y al desangramiento de sus profesionales e intelectuales emigrando hacia los Estados Unidos, lo cual ha sido su caballo de batalla ante la falta de una política eficaz de las administraciones norteamericanas en las últimas cinco décadas contra la Revolución cubana.

No puede culparse del mantenimiento de esta política solamente al cabildeo de los grupos cubanoamericanos pro-embargo, los cuales como el US-Cuba Democracy, desde el 2004 reunieron más de $2.7 millones de dólares, entregando hasta finales del año pasado a candidatos federales que apoyaban su causa $1.7 millones. Los promotores del embargo, ya sea organizaciones o personas, le han pagado a candidatos y políticos electos federales en los últimos seis años mas de $11 millones de dólares.

Cuba no es un tema priorizado de relaciones exteriores, porque se considera un asunto de “política nacional” más orientado a escuchar a un grupo de Miami que a los llamados de la comunidad internacional y al hecho de que en política exterior no ha funcionado la intención de rendir por hambre y enfermedad al pueblo cubano. La prueba está que cuando se derrumbó el campo socialista, a pesar de los sufrimientos que la población cubana tuvo que soportar, el llamado “Período Especial” no colapsó a la Revolución.

En lo que sí ha sido efectivo el embargo es condenar a generaciones de cubanos a la separación familiar, a los emigrados en el exterior a gastos desmesurados en llamadas telefónicas, viajes y envíos de ayuda a sus seres queridos, mientras son sometidos a controles y restricciones que violan sus derechos civiles en los EEUU, por el ucase de declarar como terrorista a Cuba, mientras países como Corea del Norte y Libia son excluidos de los listados por intereses económicos y políticos de Washington.

Las excusas del Imperio

Las respuestas de la secretaria de Estado Hilary Clinton ante el Senado de los Estados Unidos muestran la doble cara de la Administración Obama que expuso una política de flexibilización y normalización de las relaciones a la cual renunció ante la presión de los poderosos grupos económicos y el cabildeo de los extremistas cubanoamericanos, posponiendo -como es costumbre en la política de este país- promesas de campaña ante intereses.

El anunciado “mensaje al pueblo cubano” planteado por la Sra. Clinton de que los Estados Unidos intentaban “jugar un papel en su futuro” se quedó en el levantamiento de las restricciones de viaje a los cubanoamericanos a la isla, en la búsqueda de que sirvieran de “embajadores importantes del cambio en Cuba” (!!), mientras por otra parte mantienen el embargo que prohíbe los vuelos comercial regulares y los viajes cuestan una fortuna para ellos: ¿a quién pretenden engañar?

Las declaraciones ese día de la Sra. Clinton mostraron la verdadera cara del cambio prometido de la Administración Obama y cito: “El presidente-electo Obama cree además que no es el momento para levantar el embargo a Cuba especialmente porque proporciona una fuente importante de influencia en el avance de los cambios en la isla”. Olvidémonos de promesas en la flexibilización de las ventas unilaterales -no hay reciprocidad de comercio con Cuba-; la cooperación en el tema del tráfico de drogas con un país que declara terrorista y con el cual no tiene relaciones diplomáticas; la propia condición absurda de declarar a Cuba país terrorista o promotor del terrorismo o el tema de las discusiones para una explotación ordenada de reservas petroleras en las profundidades del mar entre dos países vecinos.

La Guerra Fría terminó, pero contra Cuba sigue

Si hay algo que no caracteriza las relaciones entre Cuba y los EEUU es el sentido común. Cincuenta años de enfrentamientos y sufrimiento de la familia cubana no han producido el resultado esperado: el pueblo cubano no se rinde y planes, tras planes, de los analistas del Departamento de Estado solo producen gastos multimillonarios del dinero de los impuestos de los ciudadanos de este país, sin resultados visibles.

En el caso de la Sra. Hilary Clinton sus “revisiones y análisis” de las relaciones con la isla no han dado resultados concretos -a no ser la detención en La Habana de uno de sus contratistas- y suponiendo que tuviera algo de razón en que el Gobierno cubano sabotea los intentos de normalización para mantenerse en el poder: ¿no sería llevarles la contraria una solución y emplazarlos a las conversaciones y relaciones un reto?

Nada más que alejándose del enfoque de George W. Bush de cancelar todos los contactos, lo cual hasta para los más reaccionarios sectores de la comunidad cubanoamericana en los Estados Unidos era excesivo y escuchar los llamados de la mayoría de los países latinoamericanos para terminar con el embargo, las relaciones con el continente hubieran mejorado y no dejarían aislado a este país en otro tema importante de sus contactos con el Sur.

No solo es esta política errónea, sino estúpida, pues la promoción del intercambio de “people-to-people” (contactos de persona a persona) sería una estrategia inteligente, como la que se ha venido desarrollando en otros países, como Vietnam donde hubo una guerra donde murieron 58,000 norteamericanos. ¿Por qué Vietnam sí y Cuba no? ¿De dónde sale esa fascinación enfermiza con mantener la hostilidad contra Cuba?

Los cubanoamericanos son ciudadanos de tercera en este país

El hecho de prohibir y limitar los viajes y la ayuda familiar de los cubanoamericanos a sus seres queridos en la isla, con la arrogancia típica del gobierno norteamericano los ha colocado en la condición de ciudadanos de tercera categoría en franca violación de sus libertades civiles, establecidas por la constitución de este país, lo cual fue discriminativo e inaceptable y lo es ahora cuando la Sra. Clinton y el presidente Obama mantienen esa discriminación contra otros ciudadanos y residentes que exigen su derecho a viajar legalmente a la isla.

Es una actitud hipócrita y despreciable atacar a Cuba por su expediente de “derechos humanos” de país comunista y mantener las restricciones a las libertades individuales aquí, prohibiendo la libertad de viaje y comercio, lo cual no solamente afecta la libertad de los ciudadanos, sino los intereses de miles de pequeños negocios y empresas que pudieran beneficiarse del libre intercambio comercial con la isla, lo cual hacen cientos de otras naciones, 183 de las cuales votan tradicionalmente contra el embargo norteamericano en las Naciones Unidas.

Políticas miopes, contradictorias y faltas de perspectiva como ésta son las que mantienen desfasada a la política exterior de los Estados Unidos en Latinoamérica y si continúan tratando a Cuba como un tema de política nacional, obviando su condición de aspecto clave en la visión del mundo sobre como este país se propone avanzar y no anclarse en un pasado de resentimiento y prepotencia.

Las relaciones con la isla son una necesidad actual y el hecho de detener el sufrimiento de la familia cubana pasa por casa, pero sobre todo por poner en la mesa los intereses continentales de los Estados Unidos y no los de un grupo miope y estúpido que durante demasiado tiempo ha mantenido la política exterior con Cuba detenida en el tiempo: la prueba de la ineficacia y la ignorancia de esta Administración se basa en temas como este y el hecho de esperar a tomar decisiones por una prueba de popularidad presencial o un período de elecciones demuestra lo vacilante y falaz del Gobierno que nos gastamos en Washington.

http://www.lanacioncubana.com

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