. Con la “La insoportable levedad del ser”, damos la bienvenida a las colaboraciones de la periodista cultural Rosana Peralta a las ediciones cotidianas de esta agencia, amiga y compañera. Aquí, Peralta nos presenta una novela donde el amor puede ser mucho más que un simple sentimiento que nos lleva a acostarnos con un semidesconocido, es una novela donde palabras como traición, belleza, música, luz y oscuridad tienen diversos sentidos, cada uno de los cuales mueve a los personajes hacia el encuentro de sus centros.

Por Rosana Peralta Macías / Desde Abajo

A Tomás y a Teresa no los unió sino una serie –absurda quizá- de coincidencias que pudieron haber pasado inadvertidas si sus circunstancias de vida hubieran sido distintas al momento en que se vieron por primera vez. Sin embargo, las vieron y, de esas ridículas casualidades que llevaron a Tomás a un pueblucho enterrado en la provincia checa y que lograron que el alma de Teresa saliera a la cubierta de su cuerpo, nació su amor.

Y es que en “La Insoportable levedad del ser”, Milán Kundera crea a cuatro personajes con los que intenta desentrañar el ancestral conflicto acerca de la levedad y el peso de los seres humanos y, más aún, de si esa condición es positiva o negativa.

Teresa es una mujer provinciana cuyas posibilidades de estudio se cortaron por la desdicha de su madre, quien ve en ella la posibilidad de compartir lo aplastante de su realidad y así no sentirse tan mal ante el fracaso de sus decisiones.

Sin embargo, ella busca con desesperación ser distinta a todos los que la rodean y a su condición de simple camarera. Lee, lleva bajo el brazo ese signo secreto -que le representan los libros- de un mundo que ansía y que encuentra lejano.

Un día, una serie de co-incidencias la llevan hacia Tomás, un médico praguense poseedor de una gran inteligencia y de un enorme prestigio, entonces, se teje una historia de amor y deseo que lleva a Tomás a su más grande conflicto: quedarse con esa indefensa provinciana o continuar con su tranquila vida de pacientes y amantes eventuales que le otorgan la libertad que le ha hecho tan feliz mediante su regla de 3: es posible ver a una mujer varias veces pero no más de tres continuas o verla durante años pero con intervalos de tres semanas.

Sabina es una mujer que sabe identificar los momentos y las circunstancias que le dan justo lo que ella busca: placer, no sólo sexual sino el placer en sí mismo, que le hace continuar. Ha sido la amante más estable de Tomás, es exitosa, sofisticada y segura de su belleza, todo lo contrario de Teresa. Lo más bello en ella es, tal vez, que no permanece.

La ocupación rusa tiene para ellos –como para el resto de los checos- una lectura más compleja que la simple humillación que representa ver su historia y sus emblemas pisoteados por los tanques rusos, les representa el exilio –en el mejor de los casos-, el desarraigo, el desempleo y la lucha constante ante las vejaciones del gobierno ruso que aplasta toda producción intelectual checa.

Es entonces cuando Sabina conoce a Franz, científico suizo que se embelesa ante lo que ella representa –un mundo deseable y lejano-: viene de un país en conflicto, lo que de la un cariz de enigma que va muy bien con su profesión: la pintura.

Franz dicta conferencias, da cursos, clases y es respetado en todo el mundo, lo que le da una fuerza que proyecta sólo hacia fuera porque para él el amor es otra cosa, es –justamente- desprenderse de la fuerza.

Kundera dice que se debe tener cuidado con las metáforas porque de una simple metáfora puede surgir el amor. Tomás no lo comprendió a tiempo y se descubrió inoportunamente ante una mujer temblorosa que deseaba protección sin saber en lo que ella podía convertirse por sí misma y, pero aún, sin sospechar lo que podía llegar a ser a su lado.

“La insoportable levedad del ser” es una novela donde el amor puede ser mucho más que un simple sentimiento que nos lleva a acostarnos con un semidesconocido, es una novela donde palabras como traición, belleza, música, luz y oscuridad tienen diversos sentidos, cada uno de los cuales mueve a los personajes hacia el encuentro de sus centros.

Milán Kundera es originario de Checoslovaquia pero fue expulsado de su país en 1948. Fue miembro del partido comunista desde el término de la segunda guerra mundial y profesor de la Escuela de Estudios Cinematográficos de Praga, sin embargo, tras la invasión rusa de 1968 perdió su cargo académico y todas sus obras fueron retiradas de las bibliotecas checas y su nombre desapareció de la historia literaria de Checoslovaquia. Radicó en Francia a partir de 1975 y cuatro años más tarde fue privado de su nacionalidad como respuesta a la publicación de “El libro de la risa y el olvido”.

“La broma”, primera novela de Kundera, fue traducida a doce idiomas y en 1969 obtuvo el premio de la Unión de Escritores Checoslovacos. Entre sus obras se encuentran también “El libro de los amores ridículos” y “La vida está en otra parte”, que obtuvo el premio a la mejor novela extranjera publicada en Francia en 1973.

En su bibliografía cuenta también con obras de teatro y ensayos como “El arte de la novela” y “Los testamentos traicionados”, escritos directamente en francés. En 1981, el conjunto de obras de Kundera mereció en Estados Unidos el Commonwealth Award, premio obtenido de manera simultánea por la obra dramática de Tennessee Williams.

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