PACHUCA – Desde hace meses los hidalguenses estamos a la expectativa de que una alianza electoral con partidos de oposición se concrete. Esa posibilidad la dejaron abierta antes de iniciar el proceso electoral las dirigencias nacionales del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del Partido Acción Nacional (PAN).

Se dijo en su momento, que los partidos antes citados, algunos liderazgos locales y otros actores sociales, buscaban en esta elección un objetivo común: terminar con más de ocho décadas de dominio político del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la entidad.

Al inicio la opción parecía viable, incluso la argumentación que hicieron los interesados en competir juntos, convenció a más de uno. Sin embargo, dicho intento no prosperó. No sólo los motivadores de dicho “bloque opositor” para la gubernatura fracasaron; sino también en el ámbito distrital y municipal no se pudo construir una alianza entre partidos distintos al PRI.

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Cabe destacar, que las alianzas electorales tienen una esencia peculiar en el sistema electoral mexicano. Sus costos políticos son más grandes que sus beneficios. Es decir, la política aliancista difumina (en algunos casos) el trabajo político que realizan los militantes de los partidos. Esto es, por lo regular estas alianzas logran prosperar gracias a la consolidación de un liderazgo fuerte. De tal manera, que no importa tanto el trabajo de los militantes sino el capital político de una sola persona.

Dicho de otra manera, es muy complicado que un militante de un partido deje de lado sus afinidades políticas para votar por un candidato aliancista que no pertenece a su propio partido. Ese acuerdo, – seguramente pensará un simpatizante o militante de un partido – lo realizaron las cúpulas partidistas quienes en su mayoría no toman en cuenta la opinión de sus agremiados.

Ahí radica uno de los principales puntos de quiebre. Muy pocos están dispuestos a sacrificarse en función de un proyecto en común.

Es probable que en el fondo haya algo de nuestra cultura que nos impide trabajar de manera colaborativa.

Pero lejos de eso, lo que deseo reiterar es la dificultad de conformar alianzas electorales que cuenten con la fortaleza suficiente para avanzar a pesar de las dificultades metodológicas.

A pesar de lo anterior todavía subsisten algunas efímeras esperanzas para que una candidatura común pueda gestarse. El punto radica en que un liderazgo ceda su lugar a otro. Esto es, que un candidato renuncie y haga público su apoyo a otro candidato. Y eso, a estas alturas de la elección parece francamente imposible. No sólo por el lado operativo; sino porque los candidatos a gobernador del PRD y del PAN, José Guadarrama Márquez y Francisco Javier Berganza, no dan muestras de abandonar sus respectivas candidaturas para abonar a un proyecto en conjunto.

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Esta decisión resulta muy cuestionable porque hay pocos elementos razonables por los cuales esos candidatos se empeñen en terminar cada quien por su lado esta contienda electoral. Si se hace una revisión sobre las encuestas que miden las preferencias electorales de los hidalguenses ninguno de los dos candidatos opositores tiene posibilidades de ganar.

Bajo este razonamiento, resulta pertinente cuestionarse si la política de alianzas realmente beneficia proyectos en común, o más bien se presenta a los electores como una alternativa atractiva, pero carente de cimientos ideológicos coherentes y viables.

Todo lo anterior tiene un lado positivo. Por fin los hidalguenses conocemos de qué están hechos los denominados partidos de oposición en el estado de Hidalgo. Con este botón de muestra queda la evidencia de que cada partido y cada liderazgo local buscan afanosamente lograr sus objetivos sin importar la forma ni el fondo.

Al parecer, dentro de las dirigencias de los partidos de oposición, no hay, no existe, – al menos en este estado – una verdadera vocación democrática por modificar la configuración política local. Existen más bien ambiciones personales que no se satisfacen con nada. Políticos que juegan con los electores como si fueran piezas de ajedrez. Acuerdos económicos que facilitan la perpetuación de las condiciones políticas actuales. Existe el beneficio particular a costa del bien común.

En los próximos días tendremos una nueva elección en donde a pesar de cambiar algunas cosas todo seguirá igual.

@2010_enrique
uam_lore04@hotmail.com

Enrique Lopez Rivera

Enrique Lopez Rivera

Politólogo hidalguense, doctor en Estudios Sociales. Autor de la tesis "En busca del ciudadano perdido, participación y abstencionismo en una provincia mexicana" (España) y coautor del libro "La reconfiguración de la hegemonía priísta, una lectura desde al ámbito local" (Plaza y Valdés, México). Columnista.
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