foto: museografo.com

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“¿Qué más puedo escribir? No tengo derecho… ¿Qué más debería ser? Mil disculpas…”

– All Apologies

 

¿Sabes? Estaba dudando escribir esto, porque realmente no soy la persona idónea para hacerlo. Debo confesarte que cuando te fuiste, yo no había llegado al mundo del Rock. Aquel 5 de abril hace 20 años yo todavía cantaba música tradicional y sacra mientras tú guardabas silencio y de paso enmudecías a toda un generación. Aquella semana que miles lloraban tu decisión yo no tenía idea de lo que estos estaban sufriendo… ¿Por qué entonces estoy aquí, dos décadas después, delante de mi computadora pensando en ti?

Yo tenía 11 años cuando cambiaste la percepción de la música alternativa. Todavía pensaba en mis juguetes cuando tú ya decodificabas el olor a espíritu adolescente y dejabas atónito a todo aquel que se encontraba delante de tu arte. La primera escucha consciente de tu nombre habrá surgido tal vez un par de años después de tu partida, cuando aquellos de tu movimiento tuvieron que seguir adelante sin ti, pero siempre con tu dolor como bandera. Esos que a mí me influenciaron seguían extrañándote y yo comenzaba a preguntarme, ¿quién era aquel que tantos seguían llorando?

Y entonces el hedor a realidad me alcanzó a mí también… Y aun sin haberte escuchado, ya entendía y sentía tu agonía. El peso del mundo se venía encima de mí y mi generación, y el agridulce sabor de la melancolía comenzaba tener sentido cuando formalmente nos presentaron.

Fue como señal divina, que te escuchara cantándole al hombre que vendió al mundo y al mismo tiempo yo, en busca de identidad musical, me hacía fan del mercader original. Cuando llegabas tal como eras y yo buscaba una razón para sobrellevar la apatía que me abrumaba, o cuando llegaste con una caja en forma de corazón para que guardara los pedazos del mío que recogía del suelo. Comenzaba a sentir que hablabas de mí, pero pronto descubrí que éramos demasiados lo que sentíamos lo mismo. Y más tarde, por fin en conocimiento pleno de lo que eras, eres y seguirás representando, me provocaste un escalofrío que invariablemente se repite cada que te escucho preguntarle a ella dónde durmió la noche anterior… Ese eres tú, el que, sin importar que yo llegara tarde a tu apología del mudo real, seguías hablándome a mí.

 

Y hoy, 20 años después, ¿dónde estás?

Tras haber perdurado a pesar de los gritos contraculturales de grupos extremos de que te hiciste famoso porque te fuiste o de que eras un tipo sin talento magnificado por los medios, cada que vuelvo a escucharte reafirmas mi posición sobre la música y todo el arte: nada vale la pena si no hay pasión, porque a pesar del desencanto, la desolación y el lóbrego mundo que ante tus ojos se desenvolvía, jamás perdiste el ímpetu por lo que hacías…

Hoy que la industria ha convertido tu recuerdo en una marca hueca llena de tributos creados por el Status Quo, que sólo vanaglorian justamente todo lo que nunca quisiste ser y que han vulgarizado tu legado al grado de que se si regresaras te querrías ir nuevamente, sus brillos de entendimiento no pueden opacar la oscuridad que nos mostraste y que terminó por devorarte.

20 años después, estás en todo lo que es mi generación y las que le siguieron…

Te veo en mis amigos que supieron de tu partida desde sus 7 y 9 años, y que al entrar a su adolescencia su identificación con tu rabia los hizo tomar una guitarra y un bajo que hasta el día de hoy usan para dar rienda suelta a su amor por tu música y la de muchos otros… en ese par de hermanos que recién llegaban a la mayoría de edad y lloraron tu ausencia pero su tristeza los motivó a seguir tocando, todavía hoy, en los ínfimos espacios de su agenda de treintañeros con vidas cotidianas; y te siento vivo en aquel adolescente que me presentó a tu banda y que la vida le jugaba una mala broma cada día, cuya agonía siempre se vio reflejada en sus ojos, pero que hoy siendo ya un hombre sigue adelante, cambiando su propio destino, con trabajo duro y esperanza en crear una mejor vida para él mismo y para su hijo en camino, y aun tocando este fin de semana la música que abanderaste, con la que nos cobijaste, liberaste y nos hiciste sentir que no estábamos solos en nuestro Mal de Vivre.

Aquí estás, en estas historias y en otras similares alrededor del mundo que desde hace 20 años marcaste. Tu odio propio y por el mundo nos dio fuerza ante nuestros propios miedos e inseguridades, fe en nuestra propia furia y la conexión que creaste convirtió nuestra desesperanza individual en colectiva, dándonos fuerzas para sobrevivir, aceptar y finalmente enfrentar y vencer nuestro propio futuro.

Pero… si aquí sigues, si nunca te olvidaremos a ti ni a todo lo que nos diste para identificar a nuestra generación, dime pues Kurt, ¿qué vida te llevaste entonces, si tu esencia y el hermoso estigma del Grunge que sembrarse aún están en todos nosotros?

Sólo un cascarón hueco tomaste hace 20 años… todo lo que realmente eras nunca se irá de aquí.

Gracias por no llevarte nada y dejarnos lo importante. Gracias por todo el dolor, por toda la melancolía y por toda la (des)esperanza. Gracias por tu contribución a la banda sonora que acompañó mi espantosa adolescencia hasta que ésta llegó a su fin y la vida comenzó a valer la pena…

Vladimir Meza Escorza

Vladimir Meza Escorza

Melomaniaco / Cinefílico / Marketinsano / Misántropólogo / Políticonoclasta.
Doctorante en Ciencias Sociales.
Mercadólogo con énfasis en investigación social, análisis de medios y opinión pública.
Vocalista, tecladista y compositor de Metal con 15 años de experiencia en la escena.
Vladimir Meza Escorza
Vladimir Meza Escorza[BLACK MASS MEDIA][ENVIRONMETAL]Vladimir Meza Escorza
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