Enrique Peña Nieto y Donaldo Trump ofrecen conferencia de prensa conjunta en la residencia oficial de Los Pinos. FOTO: REUTERS

Enrique Peña Nieto y Donaldo Trump ofrecen conferencia de prensa conjunta en la residencia oficial de Los Pinos. FOTO: REUTERS

MÉXICO. –El pasado miércoles realizó una visita relámpago a México el candidato del Partido Republicano de los Estados Unidos: Donald Trump. El magnate acudió al país gracias a una invitación del presidente Enrique Peña Nieto.

Dicha visita no representa un acto meramente simbólico; la presencia de un candidato a la presidencia de los Estados Unidos a nuestro país es algo que llama poderosamente la atención. Cual más, si se trata de alguien que ha utilizado sistemáticamente el menosprecio a los migrantes mexicanos en su discurso de campaña.

A lo anterior, hay que sumar que la presencia de Trump en cualquier lugar levanta ámpula. Su discurso incendiario, sus excesos y su menosprecio por las formas hacen del personaje un producto que suma escándalo, iracundia y algarabía (por decir lo menos).

Por estas circunstancias – y algunas otras – la visita tomó por sorpresa a muchos. Al común de los mexicanos les causó indignación que una persona que pasa el tiempo denostando el trabajo de los connacionales haya sido recibida en los pinos (por invitación del presidente). Para otros, más cercanos a la política, la visita manda una señal equivocada de parte del presidente hacia un candidato que tiene escasas posibilidades de ganar.

En una lógica elemental, ¿Por qué el presidente invita a un candidato que seguramente perderá la elección? Caben dos posibles respuestas. La primera porque de alguna manera quiere apoyar su campaña. Lo que resulta muy difícil de comprender. Esto es, porque ayudar al candidato republicano y no a la candidata demócrata más a fin a nuestros intereses como nación y segura triunfadora de la contienda.

La segunda, se inscribe en un criterio de política exterior; es decir, Peña Nieto pudo capitalizar la visita a su favor. Es válido sacar provecho de la presencia del candidato en nuestro país. En palabras llanas, lo invitas para decirle que no vamos a tolerar otro comentario racista hacía nuestro pueblo. Pero lamentablemente eso tampoco ocurrió. Si calificamos la visita bajo estos dos criterios, el acto representó un rotundo fracaso.

El presidente no ganó nada con esta visita (incluso diría que perdió mucho); y para colmo, el error alcanza dimensiones de escándalo cuando al final del día el presidente se muestra tibio, no cuestiona el discurso beligerante del candidato (hasta lo trata de matizar) y deja perder la extraordinaria oportunidad de ser el líder del país mostrando una actitud firme con aquel que ha ofendido y denostado a nuestro pueblo.

 

En suma, lo ocurrido el miércoles pasado puede convertirse en un referente de las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos. Debido a que – en un escenario realista – la candidata del Partido Demócrata puede rechazar la invitación que le realizó el presidente Peña Nieto misma que sí aceptó Trump. Si eso ocurre, Clinton dejaría muy en claro su disgusto con el actual gobierno. Y con ello, Peña Nieto tendría dos años de incómodas relaciones con Estados Unidos si es que los demócratas ganan la elección presidencial (como todo parece indicar).

Más allá de fobias, lo que pudimos observar los mexicanos gracias a esta cuestionada visita, es que el presidente Peña Nieto no tiene mucho interés en asumirse como líder de una nación. Al menos, no aprovecho esta oportunidad de oro para hacerlo. Por otro lado, se minimizó ante la figura apabullante de un empresario que ganó toda la atención. Todos los reflectores se los llevó Trump en un esquema que le encanta al candidato; un evento en formato de show con declaraciones estrafalarias.

Por último, vale la pena hacer un extrañamiento al aparato de comunicación social de presidencia. No es posible que un evento de esta naturaleza lo publiciten un día antes y a través de redes sociales. Es más, el primero en hacer pública la visita fue el propio candidato republicano. Y como siempre, la presidencia tuvo que reaccionar rápido por el mismo medio (twitter). Por otro lado, no puede salir el presidente a decir un discurso tan tibio dejando todos los reflectores al invitado. Botón de muestra, es que Trump aseguró en la cara de Peña Nieto que construiría un muro en la frontera entre los dos países. Por la noche, el presidente se pronunció en contra de ese proyecto. ¿Por qué Peña Nieto no se lo aclaró a Trump en la conferencia de prensa? ¿Por qué asumir una actitud de sumisión frente al candidato? ¿Por qué dejar pasar todo el día y después tratar de rectificar su posición?

Esta visita deja un amargo sabor de boca porque revive a los viejos fantasmas. Aquellos que nos recuerdan que México se encuentra por debajo de otras naciones. Efectivamente somos inferiores en términos económicos en comparación con Estados Unidos pero ahora Peña Nieto suma otro agravio. La debilidad de nuestras instituciones que siguen mostrando obediencia y sumisión a los intereses del exterior.

Enrique López Rivera
@2010_enrique
uam_lore04@hotmail.com

Redacción Desde Abajo

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