“Yuri Herrera no pone un partido: pone un saber y escribe sobre la lengua real de los mexicanos. En una de sus dos novelas, una auténtica obra maestra, el personaje es una telefonista de un pueblito de campo, y cuando decís campo, no es como decir campo acá: el campo mexicano es lo que antes era de los indios y ahora no es de nadie, es de los narcos”

por Juan Carlos Hidalgo

Es muy conocido el chiste sobre los cangrejos mexicanos que cuenta que cuando uno casi consigue escapar de la cubeta, los otros lo jalan para que caiga de nuevo al fondo. Suele prevalecer el desconocimiento, antes que la lectura minuciosa de las obras de un escritor que sobresale entre el resto. Además, entre la comunidad cultural hidalguense hay muy poco seguimiento de la prensa internacional y las revistas. Es por ello que se suelen escamotear méritos y logros.

Apenas el 17 de enero, el suplemento Babelia de El país incluía el nombre de Yuri Herrera entre auténticos pesos pesados de la Literatura. En un artículo titulado Un secreto de Dioses, la periodista Leila Guerrero presentaba un mosaico de opiniones para especular acerca de lo que significa ser un escritor de culto y de la incomodidad o no del calificativo.

En la lista de figuras que han tenido que lidiar con dicha idea aparecen Enrique Vila Matas, Alan Pauls, Mario Bellatín, Thomas Pynchon, Daniel Sada, Rafael Sánchez Ferlosio, Robert Walser y el propio Herrera, entre otros. No es cómodo ni benéfico pertenecer a una cofradía inexistente de escritores que son un secreto a voces o que interesan mayormente a otros símiles.

En aquel texto, Yuri aparece declarando: “Tiene que ver con la devoción que se le tiene a algunos escritores que son reconocidos por sus pares y por un círculo de lectores, pero no por el mercado No me incomoda –el término- porque no me creo ninguna de las etiquetas. Tardé tanto en conseguir publicar que no tengo prisa por ser reconocido ni puedo medir el impacto que podría tener ser denominado así”.

Le viene bien desmarcarse, se agradece la moderación. Pero también me interesa señalar un acontecimiento importante. Rodolfo Fogwill –autor que representa mejor que nadie el fenómeno de culto, principalmente en su natal argentina- declaró en una de sus últimas entrevistas publicada en el Diario La Nación, el 22 de octubre de 2010, lo siguiente a propósito de la utilidad de un visita a un Festival literario en España, asuntos a lo que consideraba de poca importancia.

“Bueno, no sirven mucho estas cosas. Pero, por ejemplo, yo siempre quise conocer a Yuri Herrera, que para mí es uno de los escritores más interesantes de América latina porque escribe bien, tiene ideas originales, cubre temas que los demás no cubren o cubren amarillamente, y además sabe literatura. Entonces, trabaja bien con el lenguaje. Hay escritores que no saben nada de nada pero escriben excelentemente, tipo García Márquez. También hay profesores de primer nivel, de todas las especialidades que pueden confluir en la literatura, y escriben como el culo. Pero no es muy frecuente que un buen escritor tenga una buena formación, sin deformaciones académicas.

¿Por qué?

Porque generalmente el tipo que tiene una buena formación ya está corriendo atrás de los dólares y ya está en la moda posestructuralista, posmoderna o neo no sé qué cosa, y por otro lado es cuidadoso de las opiniones. Pero Yuri Herrera no pone un partido: pone un saber y escribe sobre la lengua real de los mexicanos. En una de sus dos novelas, una auténtica obra maestra, el personaje es una telefonista de un pueblito de campo, y cuando decís campo, no es como decir campo acá: el campo mexicano es lo que antes era de los indios y ahora no es de nadie, es de los narcos. En ese pueblito de mierda ella es telefonista de una centralita telefónica. Herrera maneja el español, la lengua de los indios y el idioma de los yanquis. El libro va intercalando, según las escenas y según los momentos, esos distintos registros”.

Se trata de un apunte destacadísimo acerca del nativo de Actopan y creador de Señales que precederán al fin del mundo, más aún viniendo del autor de Los Pichiciegos, una de las obras que perfilan la literatura latinoamericana del siglo XX, y escrita por una de las figuras más talentosas y polémicas que se tengan en cuenta.

Pero las cosas no se quedan ahí. Apenas en el número de Diciembre de 2011, la edición argentina de Les inrockuptibles –un maravillosa revista francesa de actualidad cultural- dedicaba la parte central de su sección de libros a analizar la misma obra. Matías Capelli es el firmante de la reseña.

“Tal es el caso del mexicano Yuri Herrera, de poco más de cuarenta años, que viene sonando con insistencia como uno de los narradores más interesantes de su generación. Las dos novelas de Herrera fueron publicadas por Periférica; Trabajos del reino, de 2008, lo posicionó como un nombre promisorio; Señales que precederán al fin del mundo, editada un año más tarde, no hizo más que confirmar tanto los elogios como ciertos reparos suspicaces (que hay ecos del realismo mágico, que hay mucho de Rulfo, que Herrera escribe en gran medida aquello que un lector español o latinoamericano está esperando leer de un mexicano). Y es que ambas novelas constituyen una suerte de díptico, tanto por sus semejanzas formales como argumentales… Como señalara Marcelo Cohen en un ensayo reciente, las novelas de Herrera son de argumento discreto, con varias peripecias pero casi sin trama, no prometen clímax ni se dejan asir, y sin embargo, su lectura es bastante adictiva”.

Concluyó mi columna con la primicia –o casi- de la publicación de la novela en la legendaria editorial francesa Gallimard. Herrera está siendo leído en varias latitudes (Alemania entre ellas). Como hidalguenses –y primero mexicanos- no podemos menos que estar sumamente orgullosos.

circozonico@hotmail.com

Fuente: Milenio Hidalgo

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