(A partir de esta fecha, presentamos la columna EnvironMetal: enfocada en análisis de Metal, Cine, Cultura, Contracultura, y la influencia de estos en la formación de la identidad social)

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En estos días revivió en las redes sociales un drama de hace 22 años en torno al director de Cine Woody Allen. Dylan Farrow, hija adoptiva de Mia Farrow y ex hijastra del Neoyorkino, lo acusa de haber abusado sexualmente de ella cuando ésta sólo tenía 8 años.

Hacer debate sobre los hechos, sobre las historias personales de todos los involucrados es, a estas alturas, un ejercicio inútil, pues los detalles se han regado como pólvora y han sido sujeto de distintos análisis dentro del periodismo de espectáculos… pero hay dos circunstancias que hacen que quiera retomar el tema a estas alturas del chisme:

La primera circunstancia: no deja de ser notable la facilidad con que las personas –  tanto simples fans como “especialistas” –   han llegado a sus propias conclusiones con sólo haber leído un par de Tweets: por un lado, al ser un director laureado, tiene innumerables fans y amigos que han hecho pedazos la reputación de las Farrow, acusan a los detractores de ser unos salvajes que no investigan y vanaglorian la vida y milagros de un “genio del cine”… como si estos logros fueran suficientes para borrar sus actos como humano.

En el otro bando, el hermoso encanto del Pobrediablismo que hace que a las sociedades les encante canibalizar a una figura pública en desgracia; y que queda aún más sustentado cuando dicha figura no parece realmente tener los argumentos morales, históricos y de comportamiento para defenderse de acusaciones tan serias que, en mero acto de probabilidad, parecen ser ciertas… como si éstas suposiciones fueran suficientes para borrar su logros como artista.

Y es aquí cuando la segunda circunstancia entra en juego con una pregunta / debate que no tiene una respuesta sencilla: ¿se puede separar el arte del artista?

La primera vez que yo entré en ese debate fue con Roman Polanski, director de cine  que en lo personal puedo contar como mis favoritos. Recuerdo haber visto magnas obras como Repulsion, Rosemary’s Baby, Bitter Moon y otras tal vez menos fundamentales pero jodidamente hermosas y bien hechas como Macbeth, The Ninth Gate y más recientemente Carnage… sabía que me iba a hacer fan del polaco.

Sin embargo una maldito día decidí leer más sobre él y terminé cayendo en la lamentable historia de 1977, cuando Polanski fue acusado de asalto sexual a una niña de 13 años. Hasta la fecha el polaco no puede poner un pie en Estados Unidos porque en ese mismo momento sería encarcelado.

¿Qué hice entonces como fan? Seguir leyendo para formarme mi propio criterio: encontré (detalles más, detalles menos) que el delito fue el resultado de una fiesta, que Samahta Geimer, la atacada, a pesar de sí haberlo demandado, hoy culpa a los medios de hacerle más daño y ha pedido que se le deje en paz a ella y al caso, y en una conclusión exclusiva de mi juicio personal, todo parece haber sido resultado, no de los actos de un depredador sexual, sino de una juerga memorable de alcohol y drogas donde absolutamente nadie parecía tener idea de qué carajos sucedía… Hoy todavía disfruto el cine de Polanski, pero no puedo verlo a él como persona de la misma manera.

Casos como ese me he encontrado también y más frecuentemente, en la música que amo: Dave Mustaine, Líder de Megadeth, gran creador del Thrash en EUA, y uno de los principales responsables de que me enamorara del Heavy Metal, es hoy en día un cristiano ultraconservador que apoya al partido republicano y que está en contra del matrimonio gay; afirma tener pruebas de que Obama no es estadounidense y entre otros disparates, ha insinuado que la solución a los problemas de hambruna en África sería “ponerles un tapón en la vagina a las africanas”.

John Schaffer, líder de Iced Earth, se volvió loco de xenofobia después del 9-11  hablando sobre “La Gran América” y sobre venganza. Uno de mis sub géneros favoritos es el Black Metal, pero he de ser sincero y reconocer que está lleno de gente jodidamente enferma: músicos de Dissection y Emperor, dos de mis bandas favoritas, cometieron crímenes de odio que terminaron pagando en la cárcel; en México suena el horrible rumor de que un empresario regiomontano rompió relaciones laborales con Gorgoroth ante sus peticiones referentes a servicios sexuales que involucraban pedofilia, o el clásico caso de los actos vandálicos de Inner Circle y del célebre Varg Vikernes (a quien en lo personal le he dedicado años de estudios formales para titulación de posgrado): racista, fascista, misógino, asesino, incendiario y medio psicópata (al que el acoso mediático lo ha convertido en un mártir, pero eso es tema de otro escrito)… en breve: muchos de ellos, personas de gran talento y gran cultura e inteligencia pero, al final, pura finísima persona.

Y así podría seguirme en otras disciplinas: la gran campeona Yelena Isinbayeva, una de las mujeres más exitosas en la historia del deporte y sus declaraciones anti gay; Mario Vargas Llosa, magnifico escritor, creador de libros fundamentales en la literatura latinoamericana, pero con una visión política absolutamente imperialista, etcétera…

En todas las ramas donde existan figuras públicas encontraremos sujetos que han dejado un gran legado, pero están muy lejos de ser buenas personas. Mientras más amantes seamos de su trabajo, es más difícil ser objetivos ante sus conductas y preferimos simplemente voltear al otro lado. Queremos creer  que el arte que generan, ese legado, esa herencia que hace mejores a nuestras sociedades, que nos hace enamorarnos de la cultura, que nos provoca, en un sentido filosófico, un movimiento social, es más grande que sus creadores: Su arte trasciende a sus imperfectos autores, a los que aquellos que no son fans preferimos juzgar con una doble moral implacable, por atreverse a comportarse como cualquiera de nosotros que estamos sumidos en la masa.

Al final, todo es cuestión de balance: Seguramente la historia recordará las obras, los logros, el legado hacia la humanidad… pero hoy, en este presente, son seres humanos con las mismas obligaciones legales y éticas, y tendrá que ser la justicia y el bien común la medida con que deben ser tratados. La capacidad de brindarle luz al mundo no debe ser un justificante suficiente para dejar pasar sus deslices lóbregos.

Y en cuanto a su  imagen y percepción, supongo que será cada uno quien decida qué es capaz de tolerar en relación a su fanatismo: en lo particular, Allen siempre me ha parecido un director sobrevalorado, así que no tengo intención de ser empático ante su situación y no creo volver a ver una película suya. Por el contrario, espero impaciente el nuevo filme de Polanski.

Eso sí, a pesar de la diametralmente opuesta percepción que me queda de ambos, a ninguno de los dos le encargaría que cuidara una tarde a mis sobrinas…

 

 

Vladimir Meza Escorza

Vladimir Meza Escorza

Melomaniaco / Cinefílico / Marketinsano / Misántropólogo / Políticonoclasta.
Doctorante en Ciencias Sociales.
Mercadólogo con énfasis en investigación social, análisis de medios y opinión pública.
Vocalista, tecladista y compositor de Metal con 15 años de experiencia en la escena.
Vladimir Meza Escorza
El arte de separar el arte del artistahttp://www.desdeabajo.org.mx/wordpress/wp-content/uploads/2014/02/48430.jpghttp://www.desdeabajo.org.mx/wordpress/wp-content/uploads/2014/02/48430-290x290.jpgVladimir Meza Escorza[BLACK MASS MEDIA][ENVIRONMETAL]Vladimir Meza Escorza
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