Miguel Ángel Osorio Chong. FOTO: Agencias

Miguel Ángel Osorio Chong. FOTO: Agencias

PACHUCA. –Dentro de los simbolismos y rituales de la política mexicana tradicional se encuentra el “destape”. Es decir, la declaración informal que utilizan los políticos para reafirmar su aspiración a un cargo público.

Utilizando este mecanismo, el secretario de Gobernación, uno de los funcionarios más cercanos al presidente Peña Nieto, se “destapó” hace unos días en redes sociales. Ahí reforzó su intención de aspirar a la candidatura del PRI a la presidencia de la república. De esta manera, “informal” (sólo puede ser así porque la legislación electoral no permite actos anticipados de campaña), Miguel Ángel Osorio Chong, se mete a la carrera presidencial de 2018.

Es absolutamente legítimo que un funcionario de ese nivel aspire a la candidatura presidencial. Sin embargo, llama la atención que Osorio, como Secretario en funciones de una dependencia esencial para la gobernanza de este país se “destape”; dejando abierta la posibilidad de ser candidato a la presidencia y Secretario de Gobernación al mismo tiempo.

Ahora bien, ¿por qué Osorio decidió hacer lo anterior? La respuesta es simple: porque sus adversarios políticos llevan cierta ventaja competitiva al no tener un cargo dentro de la administración, y de esta manera, están haciendo campaña todo el tiempo. Eso hacen los dos candidatos que aparecen más arriba en las preferencias electorales: Andrés Manuel López Obrador y Margarita Zavala. De esta manera, Osorio deja clara su aspiración y hará todo lo posible, desde adentro del sistema, para posicionarse políticamente (aunque lo anterior lo viene haciendo desde hace años).

En términos de estrategia, lo que hizo Osorio fue correcto (no perder más tiempo y declarar sus aspiraciones) pero la consecuencia de este acto es costosa, incorrecta e incluso poco ética. Me explico:

Los costos de afirmar una aspiración presidencial se pueden minimizar si después de realizar el aviso se toma la decisión de renunciar al cargo. Con ello se envía un mensaje claro de incorporarse a la carrera presidencia en igualdad de circunstancias que sus adversarios que no son funcionarios de primer nivel. Aún más, la aspiración de Osorio viene a mermar la ya muy dañada imagen de inoperancia política del gobierno de Peña Nieto. Sobre las espaldas de la Secretaría de Gobernación se encuentran dos temas que no han sido resueltos: conflicto magisterial y Ayotzinapa (por mencionar los más complejos). Abonarle a lo anterior, que el secretario Osorio, aspira a la candidatura presidencial sin dejar buena imagen del gobierno y del partido político que lo tendría que postular, no parece muy conveniente.

Además, la decisión de Osorio no parece correcta porque debilita aún más al gobierno. No hace mucho, (el 07 de septiembre de este mismo año) otro funcionario de primer nivel tuvo que dejar la Secretaría de Hacienda por gestionar la invitación del candidato republicano de los Estados Unidos, Donald Trump, a México. Ese acto dejó fuera de la administración a Luis Videgaray, otro pilar del gobierno de Peña. Ahora con la declarada aspiración de Osorio el presidente pierde el brazo político del titular de gobernación quien sólo operará para su propio beneficio (si es que no lo venía haciendo desde que llegó a Bucareli)

Por último, Osorio actúa de manera poco ética porque se encuentra en este momento en una posición sumamente ventajosa respecto a sus propios compañeros de partido. En la estructura actual de gobierno ser Secretario de Gobernación brinda ventajas competitivas inigualables. Por tanto, los demás aspirantes a la candidatura presidencial tendrán que batallar en serio para tratar de mantenerse en la contienda.

Reitero, la aspiración de Osorio es legítima pero no parece políticamente correcta. Bajo este parámetro, el escenario para el gobierno federal se tiñe de gris. Porque resulta que el presidente se está quedando sólo. Ahora, sin sus principales aliados (operador político: Osorio y operador financiero: Videgaray) el gobierno entra en un ocaso adelantado a dos años de terminar su encomienda.

@2010_enrique
uam_lore04@hotmail.com

Enrique Lopez Rivera

Enrique Lopez Rivera

Politólogo hidalguense, doctor en Estudios Sociales. Autor de la tesis "En busca del ciudadano perdido, participación y abstencionismo en una provincia mexicana" (España) y coautor del libro "La reconfiguración de la hegemonía priísta, una lectura desde al ámbito local" (Plaza y Valdés, México). Columnista.
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