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La impunidad con la que los supremacistas de Virgina se han expresado, es la consecuencia de nuestra propia irresponsabilidad a la hora de usar los medios…

Como pocas veces en tiempos recientes, las redes sociales y las mass media se unieron en una sola posición en contra de la marcha supremacista que tomó las calles de Charlottesville, Virginia; EUA, bajo el pretexto de una protesta por la remoción de la estatua del General Robert E. Lee, héroe de los confederados, del sur, la derecha y el lado más ultraconservador estadounidense. Pero la marcha Unite the Right era más que eso: era la intención de mostrarle a su país y al mundo, que el fascismo el racismo y el odio, están más vivos que nunca.

¿Y qué pasó? Que, como incontables ocasiones en el pasado reciente, las personas ofendidas y escandalizas (con justa razón) ante semejante demostración de poder supremacista, fueron incapaces de sustentar correctamente sus argumentos en los medios a su servicio y, en su enorme mayoría, solo lograron criticar la discriminación con más discriminación: las redes y las columnas en los medios convencionales están hundidas desde el sábado 12 de agosto en el más absoluto e irracional odio generalizado.

¿Por qué sucedió una marcha como la de Charlottesville (y sus posteriores enfrentamientos y ataques terroristas)? ¿Por qué un gobierno, por más derechista que sea, permitió una demostración discriminatoria de semejante calibre?

E ingenuamente, la respuesta que a nadie satisfizo, pero a la mayoría dejó sin argumentos y con una culpa moral fue: “es libertad de expresión” … e inmediatamente, la doble moral y e ignorancia racional con la que toda la vida hemos usado dicha frase, nos regresó de golpe.

Tomamos las redes y los medios en general como trinchera para decir todo lo que queremos decir, creyendo que estamos justificados para hacerlo. Hemos sustentado nuestros más arteros, miserables y despiadados ataques, agresiones y discriminaciones hacia cualquiera, bajo la bandera de que tenemos el derecho humano a expresarnos libremente.

Recuerdo a informadores de mi ciudad utilizar sus medios para llamar “teibolera” a una candidata a un puesto público, escudando en libertad su misoginia, su limitada capacidad de análisis y su falta de ética periodística… Siguen aún visibles los tweets de incontables personas justificando el grito de “puto” en los estadios de fútbol, porque pagaban un boleto” y tenían ese “derecho” … Todavía de vez en cuando asoman su cabeza en mis redes (y probablemente en la suyas también) personas que utilizan el término “bendiciones” , tachando de “putas” a las madres solteras y  de “feminazis” a aquellas mujeres que cuestionan la inequidad de su cotidianidad… En México, España y otros países de Latinoamérica, circula libremente un autobús con leyendas homofóbicas y ultraconservadoras en contra de las familias homopaternales y el matrimonio igualitario… Son incontables las personas que criminalizan la protesta en sus ciudades y apoyan la entrada del ejército para reprimir, pero que celebran que en el cono sur las disidencias quemen vivas a las personas que defienden su régimen…

Todos ellos, todos y cada uno de estos ejemplos, se han escudado incorrecta y cobardemente, en que tenemos libertad de expresión y es nuestro derecho poder decirlo….

Hoy, toda esa doble moral con la que disfrazamos nuestro odio, es el mismo argumento de los supremacistas estadounidenses; y el problema es que, si de verdad la libertad de expresión permitiera todo lo que hemos enumerado, entonces los nazis tendrían razón y nosotros estaríamos “violado sus derechos” al criticarlos, cuestionarlos e impedirles manifestarse… y tendríamos que dejarlos esparcir sus mensajes de odio, así como nosotros lo hemos hecho anteriormente…

Al final, ¿qué diferencia hay entre ésta última y el resto de las expresiones de odio que hemos ejemplificado? … De esta forma, es como todos hemos alimentado que se llegue al extremo de estas “libres expresiones” que rayan en el fascismo.

Sin embargo, existe un pequeño problema: NADA DE LO QUE HEMOS MENCIONADO ES REALMENTE LIBERTAD DE EXPRESIÓN…

No hace falta ser un profesional en material legal (carajo, hasta un “wikipediazo” basta), para saber que, por años, hemos usado de manera errónea e indiscriminada el término “libertad de expresión”. Es cierto, el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos reza: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Lo cual, de tomarse de manera aislada, da argumentos a todas las expresiones de odio antes expuestas, incluida la marcha supremacista.

Sin embargo, el mismo documento cierra en su artículo 30 con el postulado: “Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración”.

 Esto es, que LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DEBE TENER LÍMITES: tenemos derecho a expresar nuestras ideas siempre y cuando éstas no impidan otros derechos humanos, siempre y cuando no fomentemos el odio y la discriminación con ellas.

Por otra parte, toda norma legal tiene sus límites establecidos en el momento en el que ésta entre en conflicto con otras leyes. Un ejemplo más: el pacto de San José de Costa Rica de la Convención Americana de los Derechos Humanos, Menciona en su artículo 13 que, aunque las personas tienen derecho la libertad de expresión y pensamiento, este derecho está sujeto a “responsabilidades ulteriores” fijadas por la ley en el sentido de respetar “los derechos y reputación de los demás, la protección del orden público, la salud y/o la moral”. Incluso el apartado cinco de dicho artículo establece lo siguiente:

“Estará prohibida por la ley toda propaganda en favor de la guerra y toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituyen incitaciones a la violencia o cualquier persona o grupo de personas, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión, idioma u origen nacional”.

A estos dos ejemplos legales, podríamos añadir muchos otros que establecen los límites de la libertad de expresión, como otros tratados internacionales, leyes regionales, códigos de ética profesional de la prensa, e incluso, postulados de teóricos sociales como Stuart Mill, Noam Chomsky, Karl Popper y muchos otros que, con motivos de Charlottesville, han vuelto a propagarse en las redes.

 Pero todo se resume a lo mismo: la próxima vez que creas que la libertad de expresión es tu “derecho” a decir todo lo que se te venga en gana, recuerda que cada una de dichas acciones solo alimentan el mismo “derecho” de personas con ideas más salvajes y extremas a salir de la oscuridad y tomar este mundo por la fuerza, y llenarlo de odio.

Documentos:

http://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/

https://www.oas.org/dil/esp/tratados_b-32_convencion_americana_sobre_derechos_humanos.htm

 

Vladimir Meza Escorza

Vladimir Meza Escorza

Melomaniaco / Cinefílico / Marketinsano / Misántropólogo / Políticonoclasta.
Doctorante en Ciencias Sociales.
Mercadólogo con énfasis en investigación social, análisis de medios y opinión pública.
Vocalista, tecladista y compositor de Metal con 15 años de experiencia en la escena.
Vladimir Meza Escorza
Vladimir Meza Escorza[BLACK MASS MEDIA]Vladimir Meza Escorza
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