[PALABRA DE ANTÍGONA]

Columna de la periodista Sara Lovera, especializada en Género, Politica y Derechos Humanos

Con el hashtag #VivasNosQueremos todas a las calles, las redes sociales y los grupos organizados de mujeres en al menos 15 entidades del país preparan una movilización para hacer visible la preocupación sobre todas las violencias machistas. Cada día se suman más organizaciones que el próximo domingo 24 estarán en muchas plazas del país.

Una movilización de esta naturaleza, desde que se corrió la cortina que ocultaba el tamaño de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, es esperada por la militancia feminista y de defensa de los Derechos Humanos.

Inopinadamente ante los hechos en Veracruz, el de los cuatro niños bien llamados Porkis, se reavivó la indignación, como dice la campaña, por todas las violencias machistas. Tras casi 22 años desde que se hicieron presentes las asesinadas de Ciudad Juárez.

nos queremos vivas

Muchas cosas han ocurrido, pero quizá la más evidente es que el feminicidio como concepto y palabra tomó los espacios de la opinión pública. La investigación, los hechos, el surgimiento de asociaciones, grupos y personas cuya conciencia fue creciendo, mostraron cómo, esto que es el extremo de la violencia, el asesinato de mujeres por ser mujeres, significaba muchas otras cosas, pero principalmente hizo clara a la impunidad y cómo el Estado está rebasado: gobierno, sociedad e instituciones.

Dicen quienes promueven la movilización que la violencia machista parece no tener límites y agregan que está en ascenso. A pesar de que la investigación mostró que a 25 años de distancia hacia atrás, en 2004, 10 años después de los hallazgos de Esther Chávez Cano, era claro que la violencia contra las mujeres, su asesinato, estaban simplemente ocultos, se habían normalizado.

Antes, habíamos creído que el extremo de la violencia contra las mujeres era la violación sexual y descubrimos que los hogares son el lugar más peligroso; se hicieron leyes de violencia familiar y se concretó la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, conocida popularmente como la Convención Belem Do Pará.

Es decir, ya en 2004 el diagnóstico era aterrador.

La violencia machista, en los estados “democráticos”, en los gobiernos dictatoriales, en los gobiernos familiares, en la escuela, en la calle, en todos los espacios de desarrollo de las mujeres se ha manifestado, con una crueldad insoportable, sobre todo cuando de guerra se trata o de situaciones de alta conflictividad social y política.

Habría que recordar casos emblemáticos, las indígenas violadas en Chiapas; las atacadas por militares en Oaxaca y Guerrero; las decenas y miles que viven con sus queridos esposos, las niñas del kínder a la profesional, etc.

Pero la situación escandalosa de “Los Porkis juniors”, quienes violaron a una joven en Veracruz, puso al descubierto que hemos sido omisas, sociedad y gobierno; que a la violencia contra las mujeres, cuya raíz profunda es la discriminación, le tendimos una nueva cortina de humo: el feminicidio. No porque el asesinato me parezca algo menor, ¡No! al contrario es la punta del iceberg de una línea continua que comienza en la vida diaria de relación.

Claro que entre la discusión de la Belem Do Pará, las historias de Juárez, (se escribieron unos 50 libros) y la demanda de Alerta de Violencia de Género centrada en el asesinato, miles de casos, reportados en la páginas rojas de los medios; los expedientes archivados en los juzgados y la seguridad de que menospreciar con la palabra, el grito, el golpe, la burla, el abuso, el acoso, a las mujeres, no se veía.

Por desgracia habría que celebrar el caso de “Los Porkis juniors”, como uno de clase, que haya generado tal indignación.

Y si la movilización tiene éxito, habremos avanzado años luz. No importa que hayamos estado parcialmente dormidas. Claro que no, pero este es un golpe fuerte.

ni una muerta mas

En todos mis años de periodista no había visto, como ahora, el interés de los medios tan agudo, interesado y diverso. No les importaba para nada las violaciones, ahora hay una danza de datos impresionante, no se sabe bien qué sucede en las aulas universitarias y hay datos contradictorios en el tema de las violaciones sexuales. Estimaciones fenomenales que hablan de unos 600 mil delitos sexuales, frente a sólo un 20 por ciento de denuncias que ahora se invocan; tampoco se habla de la profundidad de las motivaciones, y en cambio se habla de los niños ricos; no de los militares, ni de los maestros abusadores, ni de los maridos que siguen teniendo el control de la vida de las mujeres.

Y por supuesto que este llamado será fundamental. No hay justicia en todos los casos de violencia de género, es risible lo que la ley dice sobre acoso y hostigamiento; es inoperante la política pública con policías, ministerios públicos y jueces que ni se dan cuenta de que la denuncia de acoso puede terminar en violación y asesinato.

La violencia contra las mujeres es el centro del problema de las relaciones desiguales, de la discriminación y de múltiples formas de desprecio a las mujeres, sólo por ser eso.

El gran tema, que debería ser una consecuencia de esta protesta social tan esperada y necesaria, es reconocer que en una sociedad como esta, existe la discriminación contra las mujeres, que no es cosa menor, que no puede significarse en el espacio del escándalo, mientras muchas personas que ahora se asombran, se preguntan, discuten, se hagan la pregunta fundamental: ¿Dónde se halla el fondo y cómo hacerle”.

Hay leyes, estudios profundos y asequibles, explicaciones sociales, psicológicas, feministas, jurídicas; hay instituciones que se pagan con nuestros impuestos; centros de justicia para las mujeres; agencias de delitos sexuales; centros de atención a víctimas, toda una parafernalia que no funciona, porque esos medios asombrados de la conducta de los Porkis, fomentan todos los días esa discriminación, como los maestros en las aulas y las familias en sus casa.

Celebremos la movilización, vayamos a las marchas en todas las plazas y todo el país, pero no lo volvamos a olvidar. Por todas y en todas partes. Porque la violencia no cesa, rompamos el pacto patriarcal contra las mujeres. #VivasNosQueremos todas a las calles.

saraloveralopez@gmail.com

jose narro
José Narro Robles. Preocupante su visión de las mujeres. FOTO: Agencias

Algunas acciones parecen imperceptibles a nuestra preocupación sobre la igualdad entre hombres y mujeres, o bien se considera que no tendrían que ser sensibles al género o que no todo es sólo de mujeres. Lo cierto que en medio de una política sistemática hacia el logro de la igualdad sustantiva, hay funcionarios federales que ni en cuenta y que son efectivamente quienes actúan como en el siglo XV.

Eso sucede en la Secretaría de Salud, ahora con un hombre, José Narro Robles, de 68 años; antes con una mujer, porque no se trata de sexo sino de sensibilidad. Pues llegó Narro, de la UNAM, disque impulsor de proyectos de Derechos Humanos y nombró puros hombres:

Subsecretario de Integración y Desarrollo del Sector Salud, José Meljem Moctezuma; Secretario del Consejo de Salubridad General, Jesús Ancer Rodríguez, y Leobardo Ruiz Pérez, como asesor del titular de la Secretaría de Salud.

Asimismo, en la Unidad de Análisis Económico, Gustavo Nicolás Kubli Albertini; secretario técnico del Consejo Nacional de Salud, Isidro Ávila Martínez; director general de Comunicación Social, Enrique Balp Díaz, y director general adjunto de Giras y Eventos de la Oficina del Secretario, Jacobo Cadena Lau. Ratificó a la oficial mayor a Marcela Velasco, y por supuesto a la secretaria particular del secretario, Silvia Valentina Trejo Rayón.

El mal augurio es que el 8 de marzo, a unas cuantas semanas de llegar, habló del compromiso de la Secretaría de Salud con las mujeres: vacunar a niños y niñas; atender los casos de Zilka, así como “el pendiente” del embarazo en adolescentes; también dijo que el “sector” de las mujeres se ha beneficiado de la política de salud.

El lenguaje cuenta, es la expresión del pensamiento, por más ensayos que se hagan, si la cabeza no cambia, el lenguaje tampoco. Por eso hay fracaso en los “talleres” de lenguaje, en los que se ha invertido mucho dinero.

Este señor universitario me importa porque antes fue responsable de la política educativa de un, ese sí, sector fundamental de la población. En la UNAM no hay una política que haga transversal la mirada feminista, a pesar de un buen centro de investigaciones y de que Alaíde Foppa incluyó el tema de la condición social de las mujeres en Ciencias Políticas desde los años ochenta, a pesar de ello, todavía el estudio de la desigualdad no forma parte obligatoria del plan de estudios.

Tampoco hay un equilibrio entre hombres y mujeres en los nombramientos y responsabilidades. Pero por eso, Narro ni se inmutó. En salud las mujeres son las primeras pacientes, como acompañantes de hijos, hijas, maridos, madres, hermanas, son ellas las que más acuden a los centros hospitalarios.

Ellas las que paren, las que mueren en razón de la maternidad, por desnutrición, aborto y parto. Los Comités de Mortalidad Materna se introdujeron en todos los hospitales hace 76 años, durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho, cuando nació el primer gran centro que se llamó el Hospital Materno Infantil y por esos años se hizo conciencia de asuntos de salud de las mujeres que hicieron crisis y crecieron tremendamente en las siguientes décadas.

Como la muerte materna, 76 por cada cien mil en los noventa; se dice que disminuyó, no lo sé. Saber de las consecuencias de este proceso y sus efectos, no tiene seguimiento; el crecimiento de los cánceres femeninos –tres: mama, cérvico uterino y ovario- no se han detenido; las secuelas del aborto, atendido mal y criminalizado en las instalaciones de todo México ahora están a cargo del señor sin conciencia de la problemática femenina: José Narro Robles.

Y este señor, me pregunto, ¿sabrá que el tema de la condición de las mujeres está ligado al éxito o fracaso de las campañas de detección del cáncer?, ¿o sabrá que hay mil entuertos para pensar cómo abordar a las parturientas? No creo que tenga idea de la profundidad del problema del embarazo en adolescentes, porque ahora en su Secretaría hay normas para atender a las y los jóvenes, sin prejuicios; llevar la cuenta de los cambios posibles en las tremendas cifras, dar información para que actúen con mayor conocimiento y, se espera, con responsabilidad. Hay normas, de las que se habla poco y mal.

¿Qué sabrá este señor que nos considera un “sector” del tema del cuidado, por supuesto ni idea de cambiar reglas para cuidar a enfermos, en la Secretaría de Salud te tratan como si las mujeres sólo estuvieran para cuidar al enfermo en turno, que no trabajaran, que no tienen expectativas de vida, la regla hospitalaria es que una debe estar ahí, de guardia, las 24 horas del día. ¿Y quién lleva la comida a casa, el sustento, el jornal?

Bueno me asusta esta incapacidad, falta de lenguaje incluyente y compromiso del funcionariado que viola la ley, porque el Plan Nacional de Desarrollo emana del mandato de la Constitución, no es chiste, es obligación del funcionariado, dependiente de la administración de Enrique Peña Nieto y de todas las entidades del país, cumplir y no obstruir, promover la igualdad y no de violar la ley. Muchos y muchas también, no saben qué hacer, porque o bien realmente no saben y ha fracasado la política de género institucional supuestamente impulsada hace 15 años, o realmente no escuchan.

Hoy día las mujeres enferman, tienen secuelas y mueren de parto, del largo proceso desde la aparición del papiloma humano al cáncer cérvico uterino, de cáncer de mama; en el campo y las zonas pobres de las grandes ciudades la combinación pobreza, mala nutrición y malos servicios de salud, las matan hasta de un catarro que se convierte en influenza.

Este señor de la Secretaría de Salud no entiende nada de eso. Es obvio.

Les paso parte de su discurso del 8 de marzo, para que vean lo alejado que está, a pesar de que muchas universitarias decían que el rector, pomposamente, se había sensibilizado, nada de eso. No será enemigo, pero su falta de interés, de atención, porque como conozco a mucha personas, hay a quienes sólo les importa estar en el cuadro de honor, en la foto, ya les contaré de algunas mujeres que se ponen a trabajar en su encargo, y lo hacen muy bien, algunas sólo quieren llegar, hasta sufren porque no las ponen y descuidan sus carreras. Bueno ese es asunto de otro costal, como se dice.

Me preocupa Narro Robles, un cambio del presidente poco pensado, porque pone en riesgo a millones de mujeres y profundiza su subordinación, aumenta su responsabilidad en el cuidado y el gravísimoasunto del embarazo en menores no se resolverá con esa visión.

Organigrama de la secretaría de Salud. Puros hombres.
Organigrama de la secretaría de Salud. Puros hombres.

No soy mal agorera. Pero vean su razonamiento:

“En los últimos 60 años se han registrado avances en materia de salud, sin embargo, hay pendientes por atender como el embarazo en adolescentes.

“Es un compromiso de la Secretaría de Salud trabajar para mejorar la calidad de vida de las mujeres de nuestro país, y atender los pendientes que tenemos con este grupo de población, como la prevención del embarazo en adolescentes, aseguró el Secretario de Salud, José Narro Robles.

“En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, Narro Robles dijo que en los últimos años, la salud y la calidad de vida de los mexicanos ha mejorado de manera sustancial, debido al apoyo, solidaridad y compromiso del personal del Sector Salud, sobre todo de las mujeres.

“Nuestras campañas de vacunación han permitido salvar muchas vidas de niñas y niños, jóvenes y adultos, y han representado evitar el sufrimiento y dolor en las familias mexicanas, y en ese logro están todas las trabajadoras del sector, precisó.

“Ejemplo de ello, dijo, es el incremento en la esperanza de vida de 48 años en los años cincuenta, a 73 en hombres y 78 en mujeres en la actualidad, así como la reducción de 85 por ciento en la mortalidad infantil en el mismo periodo.

“Sin embargo, reconoció que el embarazo adolescente es uno de los pendientes que requiere mayor atención de parte de la sociedad y las instituciones públicas, ya que cada año ocurren 350 mil embarazos en menores de 18 años.

“El embarazo en adolescentes tiene repercusiones económicas y sociales para la madre, ya que genera exclusión, desigualdad de género y mayor deserción escolar, lo que limita el desarrollo personal y educativo.

“Ante ello, dijo el Secretario de Salud, es fundamental unir esfuerzos y trabajar conjuntamente con otras instancias gubernamentales y con la sociedad para fomentar la educación sexual, principalmente en las niñas de nuestro país.

“Finalmente, reconoció la labor de todas las mujeres mexicanas como trabajadoras, jefas de familia y responsables en su mayoría de la salud de sus familias, que contribuyen para mejorar la salud de los mexicanos.”

Como aquellos discursos de los años cuarenta: “pidió a los mexicanos tomar conciencia de la deuda histórica que se tiene con la equidad de género y con el tema del trato igualitario entre hombres y mujeres”.

saraloveralopez@gmail.com

Umberto Eco falleció el pasado 19 de febrero de 2016. FOTO: telegraph.co.uk
Umberto Eco falleció el pasado 19 de febrero de 2016. FOTO: telegraph.co.uk

Aunque pronto se publicará su libro póstumo al gran humanista Umberto Eco, lo vamos a recordar por su libro Número Cero (2015), la más aguda y profunda crítica al mal periodismo.

Perder a este escritor, filólogo, filósofo, columnista sin parar ha sido un gran golpe. Un día viajé a Milán sólo para conocer el sitio donde iba a cortarse el pelo. Soñé en encontrar su escritorio en la Universidad de Milán y me senté en las galerías esperando verlo pasar.

Fue el Péndulo de Foucault lo que me hizo su aficionada, aun cuando su más exitosa novela fue El nombre de la Rosa, pero sus reflexiones para entender Europa están en A paso de Cangrejo y en su medio centenar de ensayos sobre hechos y sucesos coyunturales; quedé convencida, al terminar Número Cero, que nos había ofrecido una cátedra permanente de comunicación, lenguaje, crítica inteligente y periodismo; eso a través de sus eruditos escritos, su evidente capacidad de investigación y su enorme compromiso con la humanidad.

Ya había calculado escribir esta semana de Número Cero. Creo que el periodismo, en sí mismo, por sus técnicas, su oficio, es una profesión socialmente útil. No es necesario agregarle una “militancia”, hacer buen periodismo puede ser un puente de comunicación, puede ser una puerta de entrada a hechos insospechados, puede constituir un referente seguro sobre un fenómeno y puede ser una fuente de riqueza histórica fenomenal.

¿Cuál es el problema? Equivocar el camino. O ser indiferente a hechos como el planteado en Número Cero. En esta novela Eco plantea una trama, una historia referida a un negociante de la comunicación. Este personaje utiliza como buscapiés supuestas historias, mucha prospectiva política y anuncia que esas historias las sacará a la luz, cuando nazca un nuevo periódico; contrata un fenomenal erudito, sólo que no es un burócrata del periodismo, sino un individuo que a los 50 años, por su capacidad de análisis e imaginación logra adelantarse a la realidad, puede vislumbrar acontecimientos y servir a un político que busca asustar a muchas personas.

Con esas informaciones amarillas; descalificaciones y acusaciones, logra que políticos, empresarios y otros, lo quieran callar con dinero, el comerciante hará un negocio redondo.

Lamentablemente no es ciencia ficción. Sucede. Ese libro me inspiró para hablar de periodismo, de comunicación, en un momento de México donde muchos medios, y periodistas viven de la noticia negativa, de la muerte, la sangre y el feminicidio, como plataforma empresarial. No veo donde hay periodismo de género, no lo encuentro.

Este tipo de periodismo, sin saberlo o ¿sabiéndolo?, ayuda a mitigar la indignación, cuando saca sólo el enojo, ayuda a evitar el verdadero agotamiento social, vive de medias verdades y medias mentiras.

Hace muchos años, Bertha Hiriart, Norma Valle y Ana María Amado escribieron el ABC del periodismo no sexista, una joya que fue piedra de toque para las grandes emprendedoras de la comunicación feminista. En ese libro se argumenta perfectamente una verdad: la invisibilidad de las mujeres en el hecho noticioso; se decía que si alguien llegara a la tierra, por ejemplo, un marciano, diría rápidamente, en la tierra sólo hay hombres, porque nombrar a las mujeres, hace pocos años, era impensable.

Hoy también. Las mujeres están nombradas sólo como asesinadas, ya no se habla de las violentadas ni se habla de sus creaciones, menos se las encuentra protestando con fuerza, sólo se habla de ellas en espacios inertes, se las ve en silencio desesperadas, vulnerabilizadas y aguantando todas las formas de opresión. Nunca triunfantes, como las trabajadoras del hogar que esta semana lograron el registro de su sindicato, la nota negativa es que tardó, es quién sabe, es que son malas y puercas las autoridades. La felicidad de estas mujeres, no se verá apuntalada por el aplauso, mientras sólo haya conmiseración, por cierto claramente clasista y discriminatoria.

Igual sucede con el arduo trabajo de unas cuantas para conseguir de las autoridades en un litigo algo favorable. Entonces se habla también en negativo; peor cuando se examinan las diferencias, por ejemplo laborales.

En fin, la disección de un periodismo no humanista, que no ve a las personas de un país, donde se lucha y trabaja en muchos frentes; donde se consiguen millonarias toneladas de flores para exportar; donde las mujeres superan en número a los varones en doctorado en las universidades; donde no se ven los experimentos científicos que nos darán luz sobre algunas enfermedades; donde las mujeres que son felices son oscurecidas, no hay esperanza y sin ella, no habrá revolución, ni cambio.

El discurso es tan oscuro y sin esperanza, que sólo sirve para hacer breves chantajes. Para pedir bajo la mesa ayuda a un emprendedor proyecto de “denuncia” y no hay creatividad ni mirada ni horizonte, hay, eso sí, manipulación.

Nadie con medio cerebro podría decir que las mexicanas hemos encontrado el camino hacia nuestra libertad. No, ese camino está muy lejos; mil 800 asesinadas al año, no es una mentira. Lo que estoy queriendo decir es que para que las vidas de esas mil 800 mujeres se reivindiquen, hay que buscar caminos menos estrechos. Un performance, una canción, una campaña con flores y música para traerlas aquí, una mirada abarcadora que explique el proceso de la discriminación hasta el asesinato; una lista donde son exigibles los derechos, una manual para aprender a enfrentarse a los juicios.

No me basta la denuncia. Esa aturde mis oídos. Más de cuatro décadas hace que iniciamos la comprensión de cómo la violencia contra las mujeres es la expresión más nítida del patriarcado. Tenemos que enseñarla, profundizarla, decirla de mil colores, no sólo con sangre. La sangre no me lleva a ningún lado.

No la pura descalificación, necesito un periodismo que investigue, que testimonie, que revele cómo funcionan los juzgados, no que me diga que el gobierno, algo tan abstracto como incompleto, tiene la culpa; necesito que me diga cómo se enseña civismo en la escuela secundaria; que me explique cómo una dizque periodista democrática, escribe un libro horrible sobre la vida de relación de varias parejas de la vida política y no me cuente nada del patriarcado u otra súper democrática ponga en sus portales el cuerpo desnudo o sangrante de las mujeres asesinadas.

Necesito otra cosa. Un nuevo manual de periodismo que nos enseñe a mirar la realidad y todos sus contornos. Que me ayude a descubrir la frescura de una atleta, la capacidad de una matemática, que me cuente la historia de triunfo de la primera médica mexicana y no me deje de contar la corrupción en un juzgado. Eso necesita el periodismo cuyo camino sea el de rendir cuentas a la sociedad, a toda la sociedad.

Otra cosa. Todo esto es producto de mi Facebook donde todas las notas negativas, ni quién las vea y las sosas, superficiales, tontas o, también humanas, el amor, la foto hermosa de una niña feliz o de una boda, son mucho más vistas que la denuncia.

Y claro el amarillismo ese sí que tiene audiencia.

En fin, apuntes de periodismo, ese que nos hace falta y que necesitamos, equilibrado, plural, profesional, investigado, atento a los quehaceres de las mujeres, el que nos las puede mostrar humanas, asertivas, equivocadas, perdidas, alegres, indignadas, trabajadoras, inteligentes o mediocres, pero que no sólo me hable de sus desgracias, sino de sus hallazgos y su horizontes.

Estoy con la frase de Umberto Eco, “Los perdedores y los autodidactas siempre saben mucho más que los ganadores. Si quieres ganar, tienes que concentrarte en un solo objetivo, y más te vale no perder el tiempo en saber más: el placer de la erudición está reservado a los perdedores…”

Encuentro Nacional Feminista 2015. FOTO: Difusión
Encuentro Nacional Feminista 2015. FOTO: Difusión

Si estuviéramos de acuerdo que el feminismo es, además de la tarea por conseguir derechos y justicia, una transformación personal, fundada en la comprensión de que todas, aún la que mejor se sienta, estamos en un mundo patriarcal y que habrá que salir de ahí poniendo en el centro la libertad y la eliminación de la opresión, si ello es cierto, el balance del feminismo en estos días es mediocre.

Ni fueron heroínas trascendentales y enfrentadas nuestras ancestras, que en efecto, dejaron huella y pusieron los primeros pisos para avanzar en la educación y la formación de mujeres para la libertad; ni fueron sencillas las tareas de las sufragistas que creían que un mínimo de justicia para darnos derechos iguales en la cosa pública, desde finales del siglo XIX hasta los años 40. Tampoco es despreciable la tarea de gestoras que muchas mujeres hicieron en las siguientes décadas, que ni conocemos.

En los años 70 pusimos en duda todas las instituciones, las que no han desaparecido, pero eso ni es avance ni es retroceso, es un programa incumplido.

No podemos juzgar con lo que hoy conocemos a mujeres que auténticamente creyeron en la Revolución Mexicana, ni aquellas que de pronto se dieron cuenta de su traición y se fueron a las filas del zapatismo o tuvieron una permanente crítica a la injusticia social, pero creían que ser madre era lo máximo.

¿Cómo evaluamos? En el fondo o somos complacientes o demasiado exigentes. ¿Quién tiene el feministómetro? ¿Y quién puede juzgar cada época?

Lo cierto, desde mi perspectiva, es que las mujeres mexicanas no somos de Marte; por nuestras circunstancias históricas en varios momentos hemos sido vanguardia; no somos seres extraños, fuera del mundo, por lo tanto humanas, hemos enfrentado mil batallas: algunas han sido verdaderamente certeras y nos han dejado huella; otras han sido magníficas, como las organizadoras que lograron avances en su época; otras han sido muy estudiosas y nos han dejado reflexiones históricas importantes, testimonios como los de varias mujeres de los años 40 que empiezan a conocerseu estudiarse.

Pero sin duda hemos estado en la vanguardia muchas veces. La primera Ley del Divorcio (1915) no fue gratis; el Primer Congreso Feminista en 1916; el Primer Frente Plural (1935), cuando se anunciaba la Segunda Guerra Mundial; los primeros centros de atención a la violencia; las escuelas de niñas; las discusiones culturales en un Ateneo que no hubo en ningún otro lugar y nuestra vocación democrática, pacifista, por las pobres y las indígenas.

¿Quién puede relevar que discutimos acaloradamente, o que no hemos logrado avanzar lo deseable? Decir que hemos retrocedido, es quizá un tema polémico. Yo no me atrevo. Lo que sí creo es que hay identificados algunos problemas en este sistema que no avanzan, pero aún y montones de expresiones de derecha, todavía no es posible dar por muerto al estado laico, ni es posible pensar que estamos como en 1910, cuando hay diputadas y senadoras por todas partes; candidatas, más de mil instancias municipales de la mujer e instituciones.

Lo que sí es cierto es que están algunas ahí y otras no. Que no hemos conseguido, juntas o separadas, entrar de lleno a incidir en el cambio de conciencias, porque estamos entretenidas en nuestros propios programas. ¿Qué hemos hecho en los medios? Muy poco de fondo, no tenemos feministas expertas en campañas, o publicistas magnas; no tenemos aliadas fuertes en la televisión, con gran público, algunas incursionamos con nuestros puntos de vista, un segundo; debíamos tener aliadas fuertes y comprometidas, no existen.

Tampoco hemos logrado tener aliadas en la radio y en la prensa; no hemos incidido en el movimiento magisterial, lleno de mujeres; no hemos logrado organizar una masa crítica que llene plazas y zócalos contra el feminicidio y la violencia contra las mujeres, nos hemos perdido en las batallas menores, y en pequeños triunfos personales o de nuestra causa.

Tampoco hemos producido juntas una editorial, ahora un solo canal de comunicación, para llegar a ellas, a las que no están en nuestra discusión y viven luchando por sobrevivir, contra la violencia cotidiana en sus casas y lugares de trabajo, las que en la urgencia son verdaderas heroínas levantando negocios y saliendo de sus casas a buscar su propia autoestima.

No niego nada de lo que hemos sembrado. Niego que siempre hay que quejarse, una y otra vez, sin hacer nuestra tarea, sin modernizarnos, sin ser democráticamente analíticas, si es claro que en este sistema, consustancialmente, hay injusticia, ¿por qué no trabajamos en otras pistas para derrocarlo?. No, claro que no. Nos gusta el poder, codearnos con las poderosas, pero ser muy “radicales” y criticarlas; no sabemos cómo se come la tierra hirviendo de los campos de México pero quien allá va, “es una traidora”; no sabemos cómo enfrentar una asamblea de un Partido, pero seguro que las que van sólo “quieren un poder” y luego argumentos más o menos, eso no sirve porque “no es mi verdad, ni mi programa”, y me pregunto si eso no es prepotencia.

No. Tenemos que abrevar del feminismo democrático, de su teoría y sus enseñanzas, a favor de la templanza, la fuerza, la justicia y, sin transigir nunca, de verdad pelear día a día porque ninguna mujer esté excluida o sea maltratada o asesinada.

Difícil, pero posible. Así se duerme después, a pierna suelta.

¿Por qué no intentarlo?.

saraloveralopez@gmail.com

http://www.semmexico.org/a-100-anos-reflexionar-los-feminismos/

Mujeres levantan escombros tras el sismo de 1985 en la Ciudad de México: FOTO: Tomada de Oro Noticias
Mujeres levantan escombros tras el sismo de 1985 en la Ciudad de México: FOTO: Tomada de Oro Noticias

Hace 30 años, textual, se levantaron de los escombros las trabajadoras de la costura. Hace 30 también se levantaron las mujeres telefonistas. El sismo del 19 de septiembre puso a prueba no sólo la respuesta de un gobierno, el de Miguel de la Madrid, sino a la justicia obrera.

Alrededor de 600 costureras perdieron la vida entre pesados rollos de tela y las estructuras que se derribaron a las 7:19 horas, cuando el primer turno de trabajadoras había comenzado su jornada. Unas diez telefonistas quedaron atrapadas en el edificio de la calle de Victoria, en el corazón de la ciudad, donde se hallaba la base central del servicio telefónico.

Recordar a unas y otras, sin conmiseración, es verlas plenas y empoderadas frente a una desgracia “natural” y como siempre lo que está detrás: la negligencia, la irregularidad, la corrupción. Los talleres de costura se mostraron plenamente, en su interior las peores formas de trabajo, ahora llamado eufemísticamente, trabajo precario o indecente. Ahí, se precisó, había mal trato, castigos, pagos miserables y una combinación de trabajo a pago semanal con pago a destajo: resultado 11 o 12 horas por jornada y lo que hoy sería a precios constantes 800 pesos a la semana.

En Teléfonos de México se abrió la grieta definitiva entre la modernización tecnológica y el ajuste estructural. Las operadoras, 30 años después, son un puñado entre más de 34 mil trabajadores y trabajadoras. La reestructuración implicó lo que también para ocultar el sentido se llamó “jubilación anticipada” y sin embargo la capacidad de organización permitió a las telefonistas varias cosas: ir a otros puestos, recibir capacitación, salvar su contrato colectivo y mantener un gremio, con todo, unido. Y más aún, las telefonistas lograron introducir lo que hoy se llama visión de género en su contrato de trabajo. Y fueron promotoras de una corriente sindical feminista. No sin esfuerzo.

Las costureras fundaron varias cooperativas y un sindicato. Crearon reglas laborales totalmente nuevas y sólo la corrupción hizo posible que tal y tan importante proyecto no pudiera crecer y ampliarse, combinado con la realidad de la industria del vestido abatida por la apertura comercial y el ingreso millonario de ropa proveniente de China, en los últimos 20 años.

Esta narrativa sólo por recordar sin victimismo, que es posible que la confianza y capacidad de las mujeres, enfrentadas a situaciones límite, consiguen generar cambios hacia adelante. De las dirigentes telefonistas, Rosario Ortiz ha sido diputada suplente y diputada federal; hoy labora en la Secretaria del Trabajo y Fomento al Empleo del Distrito Federal, convencida de la lucha obrera, como fuente de bienestar, politización y cooperación a la democracia, sin eufemismos

De la lucha de las costureras hay claroscuros. Hablé con algunas mujeres dirigentes originarias de aquel sindicato, su vida cambió, individualmente, pudieron crecer, ver otros horizontes y algunas de ellas siguen militando en el movimiento social feminista; otras continuaron en las fábricas abriendo camino a las trabajadoras, unas más, como Lupe Conde, enseñó corte y confección en las escuelas técnicas. Evangelina Corona, quien encabezó al sindicato nacional, fue asambleísta y todavía a su avanzada edad continua laborando en una dependencia pública.

Miles y miles a lo largo de estos 30 años perdieron el empleo y sus huellas se perdieron. Pero cada una, integrante o trabajadora de las más de 300 fábricas que estuvieron levantadas durante 3 años, en un campamento en plena avenida Tlalpan, seguramente contribuyó a una corriente que 30 años después ha podido abrir al trabajo político de género, cientos de espacios donde las mujeres están conscientes de que el trabajo por la igualdad empieza a tener sentido.

Hace varias semanas hubo un conversatorio sobre el sismos de 1985, ahí también se recordó cómo decenas y cientos de vecinas del centro se levantaron para rearmar sus casas derruidas por el terremoto; conocieron a otras mujeres, siguen en la pelea urbana, construyen casas, armaron solidaridades y sus hijas e hijos, encontraron otras rutas. De ellas Yolanda Tello fue diputada; se crearon varias organizaciones sobrevivientes al tiempo y a las contradicciones.

Los sismos del 85 dejaron más. Según los analistas y quienes tomaron nota y siguieron las huellas de estas nuevas conciencias, han coincidido en que esa grieta profunda y “natural” producida el 19 de septiembre de 1985, hizo que se levantara una luz de democracia y reorganización de grupos, trabajadoras, asociaciones civiles y nació una nueva alternativa política de izquierda. Que ha dado sus frutos. Me dirán que está en crisis, si claro, las crisis nos abren nuevas ventanas y nuevos caminos, habría que abonar en positivo al futuro.

saraloveralopez@gmail.com