[MEZA DE REDACCIÓN]

Tania Meza Escorza es periodista y doctora en Ciencias Politicas y Sociales, especialista en estudios de Género y Comunicación

Beatriz Peña Reséndiz, presidenta electa del municipio de El Arenal, enfrentó el rechazo de sus correligionarios del PRI por haber sido candidata de ese partido a la presidencia municipal del lugar. FOTO: Oficial
Beatriz Peña Reséndiz, presidenta electa del municipio de El Arenal, enfrentó el rechazo de sus correligionarios del PRI por haber sido candidata de ese partido a la presidencia municipal del lugar. FOTO: Oficial

PACHUCA – Pasado más de un mes de realizadas las votaciones para la renovación de ayuntamientos, y con algunos anuncios de impugnaciones, en el estado de Hidalgo es preciso recordar que se consiguen 17 de 84 alcaldías para mujeres, es decir, únicamente el 20 por ciento de los gobiernos municipales.

Luego de que en casi todos los partidos políticos hubo de hacerse ajustes ya iniciadas las campañas para conseguir el 50 por ciento de candidaturas encabezadas por mujeres, finalmente los resultados no arrojaron un estado 50-50. Pese a quedar aún lejos de la paridad, a partir del próximo mes de septiembre Hidalgo tendrá 17 presidentas municipales, contra cinco con las que cuenta actualmente.

Aunque el Partido Acción Nacional (PAN) gobernará en la capital del estado, es el Partido Revolucionario Institucional (PRI) quien consiguió un mayor número de alcaldías encabezadas por mujeres.

De este modo, las panistas gobernarán Pachuca, Atitalaquia y Apan. Las priistas Cuautepec, Pisaflores, Atlapexco, El Arenal, San Agustín Metzquititlán, San Agustín Tlaxiaca, Acaxochitlán y Santiago Tulantepec.

Por su parte, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) tendrá cuatro presidentas municipales gobernando en La Misión, Tasquillo, Juárez y Huazalingo, mientras que el Partido Nueva Alianza (PANAL), contará con dos alcaldas en Huautla y San Salvador.

Actualmente, Hidalgo cuenta sólo con cinco presidentas municipales en los municipios de Huasca, Villa de Tezontepec, Tepehuacan de Guerrero, El Arenal y La Misión, estos dos últimos son los únicos que por segunda ocasión consecutiva serán gobernados por una mujer.

En el Congreso local tampoco se logró la paridad. Aunque en este momento todavía no se conoce el número preciso de diputadas que integrarán el próximo congreso, es claro que tampoco ahí las mujeres tendrán los mismos espacios que los hombres.

Habitantes del municipio de El Arenal se manifestaron en la sede del Comité Directivo Estatal del PRI en repudio a su propia candidata, Beatriz Peña Reséndiz, exigiendo la candidatura para un hombre. FOTO: Archivo Criterio Hidalgo
Habitantes del municipio de El Arenal se manifestaron en la sede del Comité Directivo Estatal del PRI en repudio a su propia candidata, Beatriz Peña Reséndiz, exigiendo la candidatura para un hombre. FOTO: Archivo Criterio Hidalgo

¿Qué pasó con las demás candidatas, con las que perdieron las elecciones? En la mayoría de los casos sus propios compañeros de partido operaron contra ellas. En más de un municipio se escuchaba decir entre los militantes del mismo partido de las candidatas que “por ningún motivo” votarían “por esa vieja”, “por esa puta” o “por esa pendeja”.

Y cumplieron, porque en algunas localidades la estructura que tradicionalmente operaba por el partido imperante, salió inclusive sin ningún voto en favor de su candidata, y en cambio los operadores tradicionales consiguieron muchos sufragios para algún otro partido, el que fuera, con tal de que tuviera un candidato encabezando la fórmula, y no una “pinche vieja”.

Inclusive, hubo candidatas que debieron llevar a sus hijas e hijos a vivir a otros municipios durante la contienda, debido a que las amenazas de violencia política por género se extendieron también hacia sus familiares.

Ni los hombres, ni las mujeres que integran la cúpula política de todos los partidos en la capital del estado pueden ignorar la situación de riesgo en que estos comicios han dejado a sus candidatas en los municipios, a las que ganaron y a las que perdieron. Ellas están ahora con poblados enteros en contra, con la familia amenazada y con la reputación por los suelos, lo cual en el ámbito rural suele ser una sentencia de violencia o muerte para las mujeres en el espectro público comunitario.

PACHUCA – Integrantes del Comité Directivo Municipal del Partido Acción Nacional (PAN) detuvieron esta mañana una camioneta con panfletos en contra de Gloria Romero León y Yolanda Tellería Beltrán, candidatas panistas al Congreso Local por el Distrito XII de Pachuca, así como a la Presidencia Municipal de la capital del estado, respectivamente.

Yolanda Tellería Beltrán, candidata del PAN a la presidencia municipal de Pachuca. FOTO: PAN
Yolanda Tellería Beltrán, candidata del PAN a la presidencia municipal de Pachuca. FOTO: PAN

La camioneta fue interceptada por la militancia panista, luego de que habitantes de las colonias “Cubitos” y “Terrazas” les informaran que en ambas demarcaciones se estaban distribuyendo masivamente dichos impresos.

Las acusaciones vertidas contra ambas candidatas en los panfletos se imprimieron en papel membretado del Partido “Movimiento Ciudadano”, y referían a un presunto ultraconservadurismo de las panistas.

Gloria Romero fue señalada en el documento como activista en contra de los matrimonios entre personas del mismo sexo y de las familias homoparentales, aun cuando en los diferentes cargos públicos que esta política ha ostentado en el pasado, ha sido reconocida por asociaciones civiles integradas por personas de la diversidad sexual, e incluso en varias ocasiones ha dado el banderazo de salida en la Marcha del orgullo LGBTTTI de Pachuca.

Gloria Romero León, candidata del PAN a diputada local por Pachuca. FOTO: PAN
Gloria Romero León, candidata del PAN a diputada local por Pachuca. FOTO: PAN

El panfleto en contra de Yolanda Tellería destaca que de llegar ella a la alcaldía pachuqueña, no será esta candidata quien gobernará, sino su esposo, el también panista y ex priista Daniel Ludlow. Así mismo, recuerdan la iniciativa de ley que Tellería presentó siendo diputada ante el Congreso local para “defender la vida desde el momento de la concepción” (sic), lo cual ocurrió en la Legislatura local anterior.

La policía municipal recibió la camioneta que contenía este material de manos de la militancia panista y hasta el momento se hallaban en espera de la intervención de la Subprocuraduría de Asuntos Electorales.

 

Yesenia Valdéz, candidata del PRI a la alcaldía de Mixquiahuala de Juárez. FOTO: PRI
Yesenia Valdéz, candidata del PRI a la alcaldía de Mixquiahuala de Juárez. FOTO: PRI

MIXQUIAHUALA DE JUÁREZ – A dos días de las elecciones para renovar el ayuntamiento municipal, Yesenia Valdez Hernández, candidata del Partido Revolucionario Institucional (PRI) halló en la entrada de su casa de campaña una cabeza de cerdo ensangrentada, en el interior de una hielera.

La madrugada del viernes algunos pobladores de esta localidad dieran aviso a la policía municipal de que líquidos y olores extraños emanaban de una hielera abandonada en la calle de Galeana, colonia Centro, justo afuera de la casa de campaña priista, por lo que arribaron al lugar elementos policiacos, así como la candidata y su equipo, en donde encontraron la cabeza animal con los siguientes mensajes: “para yesenia de cctemplarios” (sic), y “declina x el que ya sabes o la próxima será tu cabeza”(sic).

El personal policiaco de Mixquiahuala dio aviso a la Procuraduría General de Justicia del estado de Hidalgo, cuyo personal realizó los peritajes correspondientes y tomaron la denuncia de la candidata a la alcaldía de este municipio, ubicado a 65 kilómetros de Pachuca, y a 106 kilómetros de la Ciudad de México.

Entrevistada por medios de comunicación locales, Yesenia Valdez declaró que no se dejará intimidar, y que ya sea una broma o de una amenaza real, este acto de violencia política no la hará declinar a su candidatura.

“Te lo digo con toda honestidad y con el corazón en la mano: Nunca pensé que los piropos fueran violencia y que les molestaran a las mujeres. Hoy sé que he sido un pendejazo”, me dijo totalmente desconcertado uno de mis alumnos cuando se topó de frente con la campaña #MiPrimerAcoso

Le creí, su desconcierto era real, nunca se detuvo a pensar qué sentían las mujeres a quienes él les decía “Adiós, mamacita ¡Qué rica!”, dado que para él las mujeres nunca fueron merecedoras de respeto (aunque ello es algo que apenas reflexionó este fin de semana).

vivas nos queremos

#MiPrimerAcoso es una campaña en redes sociales que se lanzó desde Colombia en el marco de otra gran campaña, virtual y presencial, la llamada #PrimaveraVioleta #VivasNosQueremos #24A. Esta campaña nos convocó por miles en todo el país para salir a las calles el pasado domingo 24 de abril, para protestar contra todas las violencias machistas.

Sin duda la concentración en diversos puntos del país por el #VivasNosQueremos nos llevó de manera particularmente sensible debido a la campaña previa, ésa en la que las mujeres relatamos en las redes sociales cómo y cuándo fue nuestro primer acoso sexual.

Los siguientes son algunos de los testimonios más representativos compartidos por miles de mexicanas en twitter y Facebook, dado que resumen la mayoría de los casos compartidos en las redes sociales y que presentan un común denominador: La violencia sexual contra las mujeres inicia en la infancia.

#MiPrimerAcoso Tenía 14 años, salí a la papelería y un señor se paró a orinar en la calle, me enseñó el pene y gritó que lo mirara bien.

#MiPrimerAcoso Tenía como 8 años iba sentada en el camión y un estúpido me pegó su miserable pene en el brazo. Iba con mi madre, no le dije.

#MiPrimerAcoso Iba caminando con una amiga en SCLC cuando ciclista me nalgueó. Me sorprendió tanto que no atiné más que a decir ¡Ay!

#MiPrimerAcoso Me han golpeado, han abusado sexualmente de mí, me han acosado en el trabajo y la calle. Todas las veces me he preguntado si fue mi culpa.

#MiPrimerAcoso A mis 5 años don Pepe, conserje del squash al que iban mis papás, me invitaba a ver Los Pequeños Picapiedra y me manoseaba

Lo triste es que dudé para publicar #MiPrimerAcoso como si tuviera que tener vergüenza, los avergonzados deberían ser los acosadores.

#MiPrimerAcoso tenía 11 años y un tipo pasó en una bicicleta y me apretó un seno. Una señora en la calle me culpó por llevar esa blusa.

Todavía me duele contar #MiPrimerAcoso (¿cómo vas a traicionar a tu familia?). Cuando me vestía para salir, mi padre me veía las nalgas.

#MiPrimerAcoso Fue a los once años, cuando un tipo en bicicleta me dio una nalgada tan fuerte que me tiró al suelo.

#MiPrimerAcoso Desde los 4 años un primo mayor siempre intentaba agarrarme. Mi mamá sí me creyó, mi papá no.

#MiPrimerAcoso Cuando era niña, un joven se masturbó con mi espalda mientras veía un espectáculo callejero en Coyoacán con mis papás.

#MiPrimerAcoso Fue un intento de violación de un Mirey en Polanco, me salvaron 2 albañiles. En el careo, el MP me hizo sentarme junto al él.

#MiPrimerAcoso a los 9 años cuando sacerdote en escuela católica x la q pasé me obligó a sentarme en sus rodillas para hacer la confesión

Y sí, después de leer #MiPrimerAcoso compruebo que la mexicana es una sociedad pederasta. Esto es ver el monstruo a los ojos y da miedo

Hands Covering Man's Eye and Startled Woman's Mouth

Las siguientes tres publicaciones resumen la reflexión que esta campaña despertó entre los hombres:

1.- #‎MiPrimerAcoso‬‬ Tendría yo unos 10 años cuando le levanté la faldita mientras dormía a una amiguita de mi hermana. Quizá unos 13 cuando le acaricié el pecho a otra. No hice más en ninguno de los dos casos, porque no sabía si YO quería que se despertaran o no. En ninguno de los dos casos me pasó por la cabeza el miedo, el saque de onda, de ellas. A los 18 jaloneé con violencia y estuve a punto de madrear a mi mejor amiga, que era también mi ex, porque estaba frustrado de que no volviera conmigo. Y el “a punto” fue porque nuestros amigos me detuvieron, físicamente. Nunca me pasó por la cabeza lo que ELLA pudiera sentir. Hoy, mi hijo de 13 años trata a todas las personas, del sexo que sean, como seres humanos con sentimientos, y entiende el abuso y el machismo como lo que son. Hoy su mamá me lo encargó en lo que ella salía a marchar. Su mamá, que sufrió uno de los casos de abuso más horribles, humillantes, que conozco. Hoy el mundo, el mundo de mi hijo, el de todos, es completamente distinto de cuando yo tenía su edad, gracias a gente como su mamá. Gracias a ustedes, quienes lo han vivido y han marchado y hoy marchan, por marcar el camino. Por pasar a través del abuso y del miedo y del saque de onda para encender la llama para que nosotros, los que no lo merecíamos, seamos mejores personas.

2.- Si los testimonios de #MiPrimerAcoso no nos hacen entender a los hombres la gravedad de la misoginia cotidiana, nada lo hará.

3.- Hoy me avergüenzo de mi género. De mi país. De mis nefastos privilegios. Toda mi empatía y solidaridad a las valientes de #MiPrimerAcoso

“Si estás embarazada ya no puedes seguir viniendo a la escuela porque le das mal ejemplo a tus compañeras”, le dijo el director de la Secundaria, y ella ya no fue más, a pesar de su promedio de 9.5

Su embarazo aún era poco visible, pero el rumor se había regado por toda la escuela Secundaria General Número 10 de Pachuca, Hidalgo: “ya hay otra panzona”. El director la mandó llamar a su oficina, la observó de arriba a abajo y le preguntó sin rodeos: -¿Estás embarazada? No hubo más remedio que aceptarlo. Primero, la vergüenza de tener que abrir la boca para dejar salir un tímido “sí, señor”. Después, la rabia contenida ante el dolor de la expulsión. Hasta ese momento las horas de escuela eran su momento favorito del día, y ahora la violación que había sufrido le estaba quitando también esto.

Cuando supe de la expulsión de Jeidy fui a buscarla a su casa para acompañar su caso. Mi auto no pudo subir la inclinadísima colina en que ella vivía, en una colonia urbano-marginal (muy marginal) de la capital hidalguense. Dejé mi vehículo a medio camino, hasta donde logró subir, junto a una montaña de basura. Seguí a pie por el camino de tierra, en medio de casitas de cartón ubicadas sin ningún orden en un cerro poblado sin licencia.

La casa de Jeidy no era diferente a las demás de su colonia: Un solo cuarto de cartón con lámina, de aproximadamente nueve metros cuadrados, y un cuartito de un metro cuadrado a un lado. El piso era de tierra y el techo de una lámina frágil. Aun así, sus dos hermanos mostraban buen humor y no dejaron de jugar ante mi llegada. Anselma, la madre de Jeidy trabajaba por las mañanas como intendente en un centro comunitario de la presidencia municipal de Pachuca, y como empleada doméstica por las tardes. –“Ahorita viene la Jeidy, se está bañando”- me dijo con una amplia sonrisa.

Minutos después, Jeidy apareció en la puerta de la casa, traía la cubeta con la que se había bañado en el cuartito contiguo. El largo pelo negro le escurría acomodado en un hombro, apenas alcanzaba el metro y medio de estatura. Su expresión totalmente infantil contrastaba dramáticamente con su ya entonces visible vientre de embarazada, de niña embarazada a los 12 años.

Hacía un mes que la habían expulsado de la secundaria, y cinco que había sido violada por su vecino, un joven de 17 años adicto al cemento, que un día le habló bonito, le dijo que era su novia y que la querría mucho. Ante esa súbita declaración, Jeidy no le contestó nada y lo dejó hablando solo. Al día siguiente, cuando ella volvía de la escuela y se lo topó nuevamente en la calle, él la violó.

Anselma apoyó a su hija hasta donde sus conocimientos le dieron. Le reclamó al muchacho, pero no obtuvo nada. No sabía que podía denunciar, así que no lo hizo, del mismo modo que no denunció cuando un par de años atrás, su marido (el padre de Jeidy) la golpeó y la atacó con un machete hasta casi matarla. Después de eso, el esposo huyó a Estados Unidos y dejó a Anselma herida y con cuatro hijos, entre ellos Jeidy.

En su camino por obtener algo de ayuda para su hija, Anselma se topó con una activista que le informó que Jeidy tenía derecho a un aborto legal por violación. Madre e hija fueron al DIF Municipal de Pachuca para que les informaran al respecto, pero la trabajadora social que entonces laboraba en el DIF del municipio, les dijo que el aborto no era una opción porque eso “era un crimen”.

Desconcertadas por la contradicción de informaciones y juzgadas por el personal del DIF Pachuca, ambas dejaron de buscar ayuda y se concentraron en llevar el embarazo a buen término para posteriormente dar a la criatura en adopción.

Cuando el caso de Jeidy se conoció en los medios locales, la presión social hizo que las autoridades educativas la readmitieran en la secundaria, tras el consabido “usted disculpe”. No volvió a clases, pero aceptaron realizarle los exámenes con los que se pondría al corriente para que no perdiera el curso escolar.

A parte de la violación sexual, a los doce años Jeidy había sufrido otras dos violaciones: La violación de su derecho a la educación y la violación de su derecho a un aborto legal. Pero una cuarta violación estaba por llegar, y nuevamente por parte de las autoridades.

La noche en que Jeidy se preparaba para parir, llegó con su mamá al hospital ginecobstétrico de la Mujer, en Pachuca. Mientras la niña de entonces 13 años estaba en la sala de partos, su madre fue a efectuar los trámites para la adopción. Ya los habían comenzado desde antes. En el DIF Estatal les apoyaron con un juicio en el que al padre fugitivo de Jeidy le quitaron la patria potestad, para que la niña embarazada pudiera dar en adopción a su bebé, sólo con la autorización de su madre. De tal manera que la noche del parto en el hospital, sólo faltaba un par de firmas para concluir con el trámite.

Cuando Anselma llegó a la oficina correspondiente, fue abordada por integrantes del personal del hospital, quienes la convencieron de no concluir con el trámite y de hacer que Jeidy se quedara con la bebé, con el argumento de que “si ahorita le permitía dar un bebé en adopción, al rato le iba a llevar otro”. – “Es mejor que se haga responsable de sus actos”, le dijeron.

Y así, con los juicios morales por encima de la ley, las autoridades locales de aquel lejano 2007 formaron una cadena de violaciones a los derechos de las niñas, con la cual le impusieron a Jeidy una maternidad adolescente que ella no deseaba.

El embarazo adolescente condena principalmente a las niñas a la pérdida de la salud, de las oportunidades y de los derechos. Jeidy fue una estudiante de excelentes calificaciones, las cuales muy probablemente le habrían llevado a tener una condición socioeconómica y cultural diferente a la de su madre, pero los prejuicios y la violencia de quienes tienen la obligación de garantizar los derechos le condenaron a repetir el círculo de la pobreza, a ella y a su hija Emily.

Casos como el de Jeidy ilustran de la manera más cruel que la prevención del embarazo adolescente no debe focalizarse exclusivamente en las y los adolescentes, sino debe comenzar con la reeducación del funcionariado público encargado de atender a la adolescencia, con el establecimiento de protocolos y procedimientos de atención integral a la problemática del embarazo adolescente, con sanciones para quienes los incumplan y con reparación del daño. No sólo por las “Jeidy”, sino también por las “Emily”, para que las hijas e hijos producto de embarazos adolescentes, vivan una historia diferente a la de sus madres y padres.