[LIBERTAD PARA ESCRIBIR]

La pereza de levantarme de la cama es más grande que otros días. Son las 7:00 am y el timbre de la casa suena, había concluido una semana muy pesada e iniciaba una similar, las desveladas comenzaban a hacer mella en mi cuerpo… y mente, no quería saber de nada ni de nadie. Suena el timbre de la casa, con la flojera de un adolescente que no quiere sacar un pie de la cama arrastro mi cuerpo. Tocan la puerta con insistencia y por fin atiendo.

Regreso a mi recámara con unas enormes ganas de envolverme en la calidez de las sábanas, pero la rutina había iniciado. Se hace tarde. Las notificaciones no dejan de sonar en mi celular, con dificultad y como si trajera ladrillos sobre las manos tomo mi móvil y comienzo a leer los mensajes, me doy cuenta que es martes 19 de septiembre. Hace 32 años la Ciudad de México se estaba cimbrando. ¿Casualidad? No lo sé. Eran las 7:15, cuatro minutos antes de que el sismo de 8.1 grados richter devastara a la capital de México en 1985, pero a pesar de tener conocimiento del hecho no le doy importancia, es una conmemoración más, jamás he vivido en carne propia un suceso natural tan trágico y pienso que nunca lo viviré.

Me alisto a pesar del cansancio, debo trabajar. Llego a la oficina, un edificio churrigueresco de color gris. El sol pica, la gente camina de prisa, cada quien en lo suyo, la monotonía del día a día nos invade, el individualismo que nos ocasionan los celulares está presente, el saludo de los buenos días es automático, mecánico. Inicio mis labores frente a una mesa color café, que más que un escritorio, parece el comedor de alguna casa, la luz entra tenue por la gran ventana que se encuentra en la oficina. Desde mi lugar observo el subir y bajar presuroso de la gente, ensimismados, preocupados por sus propios problemas.

El vaivén de los periódicos frente a mí me marean, el sueño me invade, el olor del café que emana de mi termo me motiva a no caer rendida en los brazos de Morfeo. Son las 10 horas, en punto, escucho risas, parece que algo sucede, las y los trabajadores comienzan a descender del tercer piso, como si algo o alguien les correteara. Ríen, alguien al fondo dice: “¡Ah, es el simulacro del sismo!”. Nadie le da importancia, pues al final no sucede nada…

De forma parsimoniosa la gente obedece las instrucciones del personal de Protección Civil, que parecen ser los únicos que dimensionan la importancia de saber qué hacer en caso de un desastre natural. Realmente pocos toman en serio las acciones previsoras en caso de que la Tierra se enoje y nos sacuda como hormigas.

Termina el simulacro.

La gente regresa a sus lugares de trabajo y se sumergen en la comodidad de lo conocido, de la monotonía, el día a día vuelve a invadir nuestros cuerpos.

Es martes, es día de dar cátedra en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), veo el reloj y me doy cuenta que me debo alistar para viajar 36 kilómetros a la capital hidalguense, Pachuca. La vida, transcurre igual que cualquier martes.

Entro al aula, me esperan diez alumnas y alumnos, cinco me piden permiso para continuar con la organización de un evento denominado “1 kilómetro de ayuda”, pues enviarán víveres a Oaxaca y Chiapas, estados que sufrieron un sismo de 8.2 registrado hace apenas un par de semanas. Les permito la salida, con la advertencia de que estoy en revisión de exámenes, ellas y ellos deciden si aceptan su calificación.

Inició mi clase, el cansancio y las desveladas se notan en mi cara, pero mi responsabilidad y ese delicioso refresco envasado en una lata roja que suda y moja mi escritorio me mantienen despierta.

Son las 13 horas con 12 minutos y mientras me siento como robot platico con uno de mis alumnos de forma muy automática, los ojos quieren cerrarse, parpadeo, bostezo, explico, me tallo los ojos para humedecerlos, los abro. La pantalla de la computadora en mi escritorio se mece más de lo normal, escucho el crujir de las paredes, reacciono por instinto, realmente no sé qué hacer, mantengo la calma, les pido tranquilamente a los pocos estudiantes que están en mi aula que desalojen, algunos se resisten, “¡No pasa nada!”, argumentan, les repito que salgan, muy a su pesar obedecen, y entre risas y nerviosismo se escucha el andar de todo el cuerpo estudiantil dirigirse a la explanada del Instituto.

Hasta ese momento nadie dimensiona las cosas, las bromas comienzan: “¿Dónde te agarró el temblor?”, “¿Un bolillo pal susto?”, “¡No corro, no empujo, quítenseeee!”. Las caras de los estudiantes y maestros son de tranquilidad. Me cubro del horrible sol que carcome la piel, levanto la vista, el cielo azul está cubierto de nubes aborregadas, pero el sol no perdona, calienta, quema, tuesta la piel.

A mi whats app comienzan a llegar mensajes sobre al sismo, se inunda las capturas de pantalla del Sistema Sismológico Nacional aseguran que fue de gran magnitud, ¡6.8 grados!, pero, momento, ¡No fue uno, son dos temblores!, leo un ¡7.1!, no entiendo muy bien, ¡La información es confusa!, levanto la vista, observo caras de angustia y en algunos casos de terror. Ya nada es monótono.

Una estudiante de Trabajo Social que se encontraba a mi lado se lleva la mano a la boca y cara de sorpresa y angustia, aún no logro definirlo bien y de su celular escuchó una voz que dice: “¡Se están cayendo los edificios!”; mi vista se clava en su móvil, sólo alcanzo a ver una imagen panorámica de una ciudad que entre edificios deja ver columnas de polvo que inequívocamente fueron causadas por derrumbes.

Mi corazón da un vuelco, comienzo a revisar Twitter y me doy cuenta del terror que se está viviendo en Puebla, Morelos y la Ciudad de México.

Hace 32 años, horas más, horas menos, sucedía lo mismo, la historia se repite, la naturaleza nos da una enorme cachetada, México se sacude. Mi corazón casi se detiene, ¡mi hermana! (Janeth, la menor de mis hermanas) vive y trabaja en la Ciudad de México, ella trabaja en un quinto piso, comienzo a marcarle por celular, la llamada ni siquiera se enlaza, mensajes de whats que no le llegan, sms, inbox que tampoco contesta, video llamadas por redes sociales, ¡nada!

Trato de comunicarme con mi madre, el teléfono de la casa no sirve, mi otra hermana menor (Ivonne) me manda mensaje de whats, me pregunta si ya logré enlazarme con Janeth, le digo que no, en el grupo de hermanos tratamos de comunicarnos con ella, no le llegan los mensajes.

Buscamos a sus compañeros de casa, Aída no responde, Mauricio tampoco, por fin logro comunicarme con Aída, con voz entrecortada y llorosa dice que se encuentra bien, que va para su casa, desconoce el paradero de mi hermana y de Mau, me dice que ya trató de llamarles y ¡nada!, le pido que se cuide y que si sabe algo me avise enseguida, le agradezco su apoyo, cuelgo.

Escucho risas y me enoja pensar a quién puede generarle gracia esta situación, busco quien es el autor de tan sonora carcajada no lo encuentro, algunos estudiantes se empiezan a desesperar, quieren regresar a las aulas para tomar sus cosas e irse; algunos comienzan a organizarse para la fiesta; me enojo todavía más, ¡Quien ¡#$%&/=? piensa en fiesta en estos momentos!

El sol que no deja de calentar el pavimento, quema los cuerpos, hace correr a la gente para aquellas pequeñas sombras que ofrecen los árboles de ICSHu, pero no son suficientes; yo, parada bajo el rayo del sol, ya me doy cuenta de ello, miro atenta los mensajes de whats, twitter, face… alguien me saca de mi ensimismamiento, reaccionó con mi mejor cara, como si no pasará nada, con sonrisa amigable otra catedrática me invita a quitarme del sol, acepto, sigo como robot, el cansancio y la desvelada desaparecieron, sobre mi ahora pesan la desesperación, ansiedad y terror.

Intento nuevamente comunicarme con alguien, no sólo está mi hermana, también tengo muchas amigas y amigos en México, insisto a sus compañeros de mi hermana, marco el número telefónico de mi ex jefa, ¡LE MARCO A MI HERMANA!, ¡NADA!, el sistema colapsado, las imágenes me dejan fría.

Suena mi teléfono, es mi padre, trato de responder rápido, el celular se traba; me enojo, mi móvil reacciona, contesto, era la voz de mi madre que aunque trataba de mantener la calma se le escuchaba nerviosa, me pregunta por Janeth y ¡NADA! Nadie podía comunicarse, no sabíamos qué hacer, la desesperación se acumulaba, ella me pregunta si yo estoy bien, la respuesta fue automática, ¡aquí no pasa nada!, hago la retroalimentación, ¿y ustedes?, ella también responde como robot, “¡todo bien!, busquemos a Janeth”.

Las llamadas y los mensajes continúan, toda la familia, trata de localizarla.

A mi celular llegan imágenes donde piden no colapsar la red y no hacer llamadas, ni enviar imágenes, ¡el servicio de telefonía celular, completamente caído! Y de mi hermana ¡NADA! Me pregunto cómo me piden que no llame, que no le envíen mensajes, si esta angustia es horrible.

Las risas y el alboroto universitario incrementan, tienen entre 18 y 23 años, para ellos no pasó nada, su familia está bien, la vida sigue, no caen en cuenta de la situación, a pesar de todo no conocen la historia, las imágenes de tragedia son comunes en sus redes sociales, se han vuelto inmunes, no los culpo, no sienten la preocupación que pocos estamos sintiendo, ellos ni siquiera habían nacido cuando sucedió el temblor del 85, los entiendo y pienso que tal vez a su edad, yo hubiera hecho lo mismo.

Regreso a mi teléfono, los mensajes y las llamadas siguen sin parar, escucho un sollozo, una de mis compañeras catedráticas comienza a llorar, tampoco logra comunicarse con su familia en la Ciudad de México. Siento su angustia, su terror, lo comparto. Sigo mirando fijamente el celular como si él me fuera a decir “ya la localicé, está bien”.

Vuelvo a levantar la vista, otra compañera catedrática se encuentra sentada en la banqueta tratando de llamar, su cara es dura y fría, como si nada pasara; alguien alaba su temple, dicen que sus hijos están en México; creo que estoy entre su frialdad y la histeria de mi otra compañera. Me pregunto qué se necesita para tener esa sangre fría, porque yo simplemente no puedo.

Pasan los minutos que se sienten horas, el reloj marca las 3 de la tarde, ya revisaron las instalaciones, al parecer todo bien, informan que se suspenden actividades hasta nuevo aviso, que estén atentos a los medios de comunicación de la Universidad y sus redes sociales, entro al aula con mis alumnos para que puedan sacar sus cosas.

La señal continua intermitente, la comunicación es nula, entre la familia nos seguimos comunicando y preguntando por Janeth y ¡NADA! Camino por los alrededores del Instituto, me doy cuenta que justo debajo de un pino hay excelente señal, me planto junto a él y continuo comunicándome, ¡NADA!, ¡NADA! Sucede. El color del cielo empieza a bajar de intensidad, las nubes siguen su curso y mi angustia igual.

Las horas pasan y de ella no se sabe ¡NADA!

Mi sentir era amalgama, no sabía distinguir entre tristeza, coraje, angustia, frustración, miedo, porque claro, se siente miedo, miedo de no saber qué pasa, miedo de que ella no estuviera bien, miedo porque el mundo se está sacudiendo y nosotros no reaccionamos. Dicen que no existen las coincidencias, hace 32 años México se sacudió de forma horrible, miles de muertos; conocemos la historia y estamos conscientes de que se puede repetir y eso da miedo, es ese miedo a lo desconocido y lo conocido, a lo que no podemos controlar.

Después de varias horas por fin una de nuestras llamadas logra localizar a Janeth, está bien, no le pasó ¡NADA!, sólo el susto y el miedo que ocasiona un terremoto, pero está bien. Mi corazón regresa a su lugar.

Mi parte emocional cambia, me calmo, me da hambre; ahora mi parte racional comienza a trabajar. Qué aprendí de esto, que no tenemos una cultura de Protección Civil, pocos son quienes saben dar primeros auxilios, al menos en Hidalgo la gente piensa que no pasa ¡NADA!, y no es hasta que vemos imágenes desgarradoras a través de la pantalla cuando empezamos a darnos cuenta de la verdadera crisis que se está sufriendo, los traumas regresan, el miedo se apodera de tu cuerpo, la población en general no sabe cómo reaccionar ante estas situaciones.

Pocos son los que saben reaccionar de forma adecuada, las instalaciones de oficinas, casas y universidad no están construidas para soportar un desastre de esta magnitud, porque creemos que no va a pasar ¡NADA!

Como seres vivientes, pensantes y racionales nos creemos todopoderosos, creemos que podemos controlarlo todo, pero a unos días de una buena sacudida nos damos cuenta que los seres humanos no somos ¡NADA!, pues con tan sólo unos segundos la naturaleza demuestra su fuerza y con tan sólo un empujón destruye nuestra vanidad.

Pero a pesar de ello, México es un pueblo solidario, me emociona ver la ayuda de la gente, el apoyo de todas y todos, el gobierno se está viendo rebasado por la cantidad de personas que quieren ayudar; me conmueve ver a niños y niñas pidiendo víveres, de solidarizarse; sin embargo, ¿estamos realmente preparados y conscientes de la situación que se podría venir en caso de que se cumpla la profecía de un megaterremoto? Pocos son los capacitados, pregúntate, si sabes que hacer en caso del ahogamiento de una o un pequeño, de una persona adulta, o de un adulto mayor o hasta de un perro, son diferentes situaciones y son pocos los realmente capacitados.

Agradezco a la vida, y a ese ser que sí creo que nos vigila y cuida desde algún punto de este gran universo, que toda mi familia, amigos y seres queridos estén bien. Lamento las vidas que se perdieron, la situación que muchas y muchos están padeciendo en estos momentos, mientras yo escribo y tú lees. Mi corazón sigue apachurrado y por momentos vuelvo a sentir miedo, no me achico, busco cómo ayudar, ahora nos estamos organizando para ver cómo apoyamos, donde podemos meter las manos y levantar a Oaxaca, Chiapas, Morelos, Puebla y la Ciudad de México.

Veo con alegría y envío mis felicitaciones para mis amigas y amigos que están ayudando, para aquellas y aquellos héroes anónimos que incansablemente están metiendo las manos, para salvar vidas, para reconstruir vidas, para mejorar vidas, ante esta tragedia.

Creo que estas horas de terror, sufrimiento y angustia nos deben dejar como experiencia la necesidad de capacitarnos, conocer las acciones para antes, durante y después de una situación de emergencia, pues no somos ¡NADA! y si no nos capacitamos terminaremos siendo ¡NADA!

¿Heridas? Quizá tu vista te está jugando un truco. La artista inglesa Eliza Bennett tejió hilos en su propia mano para visibilizar la segregación de las mujeres en el mundol. FOTO: http://www.elizabennett.co.uk/
¿Heridas? Quizá tu vista te está jugando un truco. La artista inglesa Eliza Bennett tejió hilos en su propia mano para visibilizar la segregación de las mujeres en el mundol. FOTO: http://www.elizabennett.co.uk/

ACTOPAN, HIDALGO. —La violencia hacia las mujeres no disminuye, al contrario se está normalizando; y la violencia sexual es uno de los problemas que más nos dañan. Esto se debe principalmente al machismo y a la ignorancia, ya que para la sociedad el cuerpo es un “objeto” del cual se puede abusar y utilizar de la forma en que la sociedad machista se le antoje, principalmente para satisfacer los deseos de aquella persona en condiciones favorables de poder.

Según cifras de Semáforo Delictivo, en Hidalgo se tienen registrados 36 violaciones, tan sólo, en el mes de agosto; sin embargo, las cifras son de quienes decidieron denunciar, pero, ¿qué pasa con aquellas personas que prefieren quedarse calladas, ya sea por miedo o por falta de conocimiento?

Del tema podríamos hablar escribir miles de textos; sin embargo, no hay mejor manera de dar a conocer esta situación que dándole voz de una mujer que atraviesa por una situación similar. En estos días tuve contacto con ella y ante la situación que vive, ella prefirió escribir la siguiente carta:

CARTA A MI VIOLADOR

Jamás te entregaré esta carta en tus manos, pero estoy segura que la leerás. Así que solo quiero hacerte una pregunta:

Cuando me drogaste y no supe más de mí, ni de lo que pude haber hecho, cuando viste mi cara de espanto al despertar, al abrir los ojos sin poder moverme, cuando jalaste mi cabello, cuando golpeaste mis costillas, cuando se burlaban tomando fotos de mi cuerpo sin voluntad, cuando apretabas mi cara hasta que no podía respirar, cuando me golpeabas las costillas… ¿Nunca viste en mi cara a las personas de tu vida, las personas a las que amas?

Soy una mujer no tan diferente a cualquier otra que se encuentre leyendo esta carta y por eso, no sólo me atacaste a mí, sino a cada una de las personas que han sufrido abuso sexual, consumado o no. A todas las personas que se sienten amenazadas por el poder o el dinero de alguien abusivo y creen que la única solución es callar.

Solía amar las fiestas tanto como estar con mi familia o leer un buen libro. Beber una copa con mis amigos o reír viendo una película infantil con mis hijas. Soy una mujer de edad media que tiene días buenos y malos, sueños, ilusiones, metas… Soy madre, soy hija, soy nieta, soy vecina, soy amiga, soy estudiante, soy una servidora pública que trastocó tus intereses al hacer mi trabajo honestamente.

Todas las personas que, de alguna forma, tienen relación conmigo, forman parte de mi comunidad y no se a cuanta de esa gente has lastimado.

No entendía como se sentía una víctima de violación aunque he trabajado mucho con ellas, he visto su dolor, su vergüenza, incluso la culpa en sus ojos. Pero hoy por fin lo entendí; al principio fue mucha rabia, ira, frustración, miedo del escarnio público. Me preguntaba: ¿Cómo alguien puede hacer lo que quiera con tu cuerpo sin tu consentimiento? ¿Por qué hay gente tan ruin? ¿Por qué a mí, si me pensaba inteligente y experimentada? ¿Por qué ahora?

Me callé por miedo al qué dirán, incluso por miedo a parecer culpable. Dejé de dormir, dejé de comer pensando… sólo pensando qué hacer. Llegué a contemplar irme del Estado, del país o incluso suicidarme como una salida, planear algo para que sufrieras lo mismo que yo. Pero algo me iluminó y llegué a una conclusión: Yo no tuve el control de lo que pasó porque tú decidiste mi destino ese día, ¡pero hoy decido yo!

Decido no hacerte lo mismo, no porque no te lo merezcas, sino porque entonces me convertiría en alguien igual a ti y somos muy diferentes. No me voy a suicidar porque entonces no solucionaría nada y por el contrario creerías que lograste tu objetivo, y no voy a vivir con miedo porque entonces te daría el poder sobre mí que, he decidido, no volverás a tener.

No me vas a chantajear con mostrar fotos de mi cuerpo desnudo porque eso hablaría más de ti y de tu bajeza que de mí. He decidido luchar para que otras mujeres no pasen por lo mismo. He decidido romper el silencio porque sé que no estoy sola. Detrás de mí hay familia, vecinos, amigos, compañeros de trabajo, personas que saludo todos los días aunque no tengamos una relación muy estrecha, gente que conforma mi comunidad. Una comunidad que ya está cansada de tanto abuso. Y quiero que sepas eso que pesa más que tu violencia, tu poder o tus millones.

Hoy vuelvo a mi lucha. Mi hermoso Actopan no se sentirá inseguro al salir a la calle, mi gente seguirá saliendo a trabajar, a divertirse; porque no inculcaré ni suscribiré la idea de peligro al actuar honestamente y ni este acto cobarde ni chantajes o amenazas lograrán que yo me rinda.

Tú, mi violador, no has mostrado ninguna debilidad mía. Al contrario: He decidido sacar lo mejor de mí, mi lado fuerte y con ello has despertado solidaridad en la gente que me rodea. Porque hoy todos sabemos que esto le pudo pasar a cualquiera.

Quiero decirte que, sin importar mi destino, mientras tú estés sentado leyendo esto, yo recupero el control de mi vida junto con mis sueños y los de mi familia. Hoy decido darle voz a muchas mujeres que han callado actos tan cobardes como este. En realidad quizá esta carta es para ellas, para que sepan que no están solas y no tienen porque luchar con un acto así en silencio cuando habemos muchas, muchos,  que estamos dispuestas, dispuestos, a apoyarlas en su lucha.

Una cosa he aprendido: Las cosas pasan, no porque las merezcas o no, sino que simplemente pasan. Puedes no tener total control en lo que te pasa, pero tú decides si quedarte en el suelo como una víctima a merced de alguien más o te levantas y luchas para que eso cambie.

Somos más la gente buena.

sosoridad

MÉXICO. —Las mujeres llevamos más de un siglo luchando por nuestros derechos humanos y por una vida libre de violencia; sin embargo, pareciera que nuestras luchas son aisladas, que cada una lo hace desde su trinchera y pareciera que vamos solas por el mundo en esfuerzos individuales. En buena medida esto se debe al neoliberalismo globalizado, el cual, según Sara Lovera en su artículo “Feminismo: historia y corrientes”, manifiesta que “este sistema limita las libertades de las mujeres que se creyeron conquistadas en los foros de Naciones Unidas o en los espejismos de la negociación y la incidencia política”.

“La pobreza extrema, la migración, el control de los cuerpos, la cultura y la comunicación global han generado nuevos cautiverios a las mujeres, nuevas amarras, probablemente otras esclavitudes y ningún avance real”.

Y concuerdo con ella. Mientras empresarios, fundamentalistas religiosos y políticos unen fuerzas para continuar con la invisibilidad de las mujeres, nosotras nos mantenemos luchando a contracorriente, trabajando desde nuestro pequeño mundo, desgastándonos por mantener los logros conquistados; mientras ellos sólo buscan mantener el poder a como dé lugar.

A mediados de septiembre (del 14 al 17 de ese mes) tuve el gran privilegio de acudir al Encuentro de Sistematización de Apoyos de Respuesta Rápida relacionados al Uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación por la defensa de los Derechos de la Diversidad de Mujeres, realizado en Medellín, Colombia, organizado por el Fondo de Acción Urgente de América Latina y el Caribe FAU-AL, donde corroboré que todas luchamos por lo mismo: “una vida libre de violencia y en un terreno de igualdad y equidad”, sin embargo, son pocos los mecanismos que se han logrado unificar para que nuestra lucha también sea por estado o país, y mejor ni hablamos de un continente entero.

En cada presentación de las compañeras de los países de Latinoamérica y El Caribe me daba cuenta que eran los mismos tópicos: derecho a decidir sobre mi cuerpo, aborto legalizado, una vida libre de violencia, derecho a participar en la vida política de nuestros países, convivir con un medio ambiente limpio, tener un territorio seguro para la vejez… en fin, una vida en la que todas y todos tengamos equidad e igualdad.

Y en mi cabeza empezó a rodar la pregunta: ¿Por qué no podemos generar un camino, una ruta crítica que nos permita unir todos estos proyectos y ejecutarlos de forma unificada para lograr una voz más amplificada?

No me gustó la respuesta que mi subconsciente me dio; en mi pueblo dicen: “Mujeres juntas, ni difuntas”. Por siglos nos han hecho creer a las mujeres que no podemos ni debemos ser solidarias las unas con las otras, que debemos vernos como rivales porque la otra es el enemigo a vencer para sobresalir entre hombres.

Pero si eso es cierto, ¿entonces por qué somos las mujeres las que luchamos por los derechos de las mujeres? ¿Por qué la lucha feminista nace de la mente de las mujeres? La respuesta es simple: porque a pesar de todos los condicionamientos que el patriarcado ha puesto en nuestro comportamiento, tenemos la capacidad suficiente para ayudar a las demás. Sin embargo, en muchos casos, ese condicionamiento no ha permitido que seamos capaces de rebasar fronteras, porque no contamos con el financiamiento económico que tienen los fundamentalistas, los empresarios, los políticos para ayudar más allá de lo que nos permiten nuestras fuerzas.

Si bien la globalización ha tendido a incrementar la capacidad de los hombres en las altas esferas de poder, hay algo que no estamos tomando en cuenta y es que gracias a la globalización todas y todos contamos con herramientas efectivas como las Tecnológicas de la Información y la Comunicación para lograr una lucha más visible.

Es cierto que nuestra lucha debe ser más práctica y de acercamiento con aquellas mujeres que son violadas, que han sido forzadas a abandonar sus hogares, que sufren todo tipo de violencia (física, económica, social y psicológica), porque el acercamiento humano y el apoyo físico jamás se podrá reemplazar con una videoconferencia o un gif o cualquier otra herramienta tecnológica, sin embargo, el intercambio de experiencias es fundamental para que nos ayudemos unas a las otras.

Es momento de actuar, de unir fuerzas, de crear una sororidad más fuerte con la cual evitemos que este avasallador sistema neoliberal termine por enterrar los logros ya conquistados, es momento de sembrar nuevas semillas que ayuden a esta causa, que al final del día, es la causa de toda la humanidad.

Sesión de la Sala Regional de Toluca del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. FOTO: Cortesía
Sesión de la Sala Regional de Toluca del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. FOTO: Cortesía

PACHUCA. –Por primera vez en la historia en la región centro del país, una elección fue anulada por violencia política de género. La Sala Regional Toluca del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) invalidó los comicios de San Felipe Orizatlán en Hidalgo.

La Quinta Circunscripción del TEPJF, que comprende los estados de Colima, Hidalgo, Estado de México y Michoacán, consideró que en las elecciones donde había ganado el Partido Acción Nacional (PAN) hubo violencia política de género por parte del candidato blanquiazul, Raúl Valdivia, en contra de la entonces candidata del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Brenda Flores.

Es necesario aclarar que la nulidad de la elección no solo se debió a la violencia política de género; también hubo violación al principio de secrecía del voto, por la presencia en las casillas de sujetos denominados “visores electorales”, cuyas actividades afectaron la secrecía del voto y generaron actos de presión en contra de los votantes.

Si bien, la violencia que se realizó en contra de Brenda Flores no fue el único motivo, se marca un precedente en la materia, pues a pesar de que no existe un castigo a dicho acto misógino, con ello magistrados y diputados tendrán la posibilidad de modificar la ley electoral y sancionar a quienes agredan a una candidata en el terreno político por su condición de mujer, ya que la única sanción es un apercibimiento para que eviten denostar a las candidatas.

En sesión pública ordinaria se dio a conocer que en el análisis del asunto se consideraron fundados los agravios expuestos por el PRI, en el que alegó que la sentencia del tribunal responsable es incongruente, ya que tuvo por acreditados todos los elementos de la causal genérica de nulidad de la elección prevista en la normativa local, sin embargo, no declaró tal nulidad.

Brenda Flores, candidata del PRI a la presidencia municipal de San Felipe Orizatlán, municipio indígena de la región Huasteca. FOTO: Oficial
Brenda Flores, candidata del PRI a la presidencia municipal de San Felipe Orizatlán, municipio indígena de la región Huasteca. FOTO: Oficial

Lo anterior en razón de que ante aquella instancia ya se habían tenido por acreditadas la existencia de violaciones generalizadas, sustanciales, y determinantes para el resultado de la elección, consistentes en violencia política de género en contra de la candidata postulada por el Partido Revolucionario Institucional, a través de perifoneo, así como publicaciones en Facebook. Así como la violación al principio de secrecía del voto, por la presencia en las casillas de sujetos denominados “visores electorales”, cuyas actividades afectaron la secrecía del voto y generaron actos de presión.

Por tanto y al tener por demostrados estos hechos, se consideró que era suficiente para actualizar la hipótesis de nulidad relativa a la existencia de irregularidades graves plenamente acreditadas, no reparables que tuvieron incidencia durante la jornada electoral, máxime que la diferencia que existe entre los dos contendientes, es de apenas 2.64 por ciento.

El magistrado ponente Alejandro David Avante Juárez argumentó que para llegar a dicha conclusión, se partió de la aplicación de los principios de federalismo judicial, el de non reformatio in peius (la resolución recurrida no debe ser modificada en perjuicio del apelante) y de acción, al no haber controvertido la sentencia el tercero interesado.

En consecuencia, declararon la nulidad de la elección del referido ayuntamiento e hicieron un apercibimiento al Partido Acción Nacional para que en lo sucesivo se abstenga de reproducir de cualquier forma, conductas denostativas que atenten contra la dignidad de sus adversarios políticos, más aun tratándose de cuestiones que impliquen o puedan implicar violencia política contra las mujeres.

Gloria Romero recorriendo calles de Pachuca en campaña. FOTO: Cortesía
Gloria Romero recorriendo calles de Pachuca en campaña. FOTO: Cortesía

PACHUCA – Gloria Romero, ex candidata, hoy diputada local electa por el distrito XII de Pachuca, acepta que conoce la violencia política; sin embargo, asegura que ha tenido que acostumbrarse a ella:

“He visto y conocido la guerra sucia, pero la he hecho a un lado; porque he considerado qué es parte de una campaña y lo acepto, sé que es parte de y se hace muy reiterado. Ante ello mi posición es la de no es responder a ese tipo de situaciones, porque siempre he pensado que trabajo mata grilla. No es que no le preste atención; sino que simplemente lo veo como una parte de lo que muchos utilizan para denostar. Y tal vez es una mala idea la de acostumbrarnos, a nadie le gusta; pero, por eso, mejor trabajamos para acallar la violencia”.”

La hoy diputada electa reconoce que ella no va con la bandera feminista durante sus campañas; es más, acepta que al inicio de su carrera política no tenía idea de lo que era la igualdad de derechos políticos entre hombres y mujeres: “Simplemente pensaba y sigo pensando que somos personas, no importa si somos hombres o mujeres; somos seres humanos que tenemos derecho a participar en la política y por ello es por lo que trabajo”.

Pareciera que Gloria Romero no tiene una conciencia clara de la violencia política que ha sufrido (o simplemente no quiere hablar de ello); por lo que para ella es más importante continuar trabajando y cosechando triunfos, “procuro que no me toque, que no me agravia; yo a lo mío, simplemente sigo mi ritmo y a lo que voy”. Aunque acepta que es triste la forma en cómo se ataca a algunas mujeres por el simple hecho de ser mujeres y para demostrar poder.

Reconoce que desde muy joven relacionaba la política con algo sucio, con algo corrupto, por lo que hoy no le sorprenden los hechos y las circunstancias violentas que se utilizan para denostar a mujeres y… hombres al interior de la política.

Durante la entrevista, Gloria Romero, mencionó que a pesar de las circunstancias violentas que algunas mujeres sufren (parece ser que ella no asimila que es violentada o que sufre o ha sufrido algún tipo de violencia) los Partidos Políticos, las autoridades gubernamentales y electorales, están trabajando para hacer acciones afirmativas para promover la participación de las mujeres en la política.

Me parece que desgraciadamente los mismos partidos políticos no se le han creído, como que es un requisito que hay que cubrir, porque cómo está muy de moda el tema del género, por lo que tienen que dar respuestas a la medida de las exigencias de la sociedad se van presentando, y dicen que hecha la ley, hecha la trampa. Y lo vimos mucho cuando los Partidos Políticos cubrían los requisitos, pero a sabiendas de que se iban a solventar, como los episodios que todos recordamos como las ‘juanitas’”.

Gloria Romero acepta haber apoyado al actual líder su partido político, Asael Hernández, y como mujer muy crítica de su persona, también lo es con el instituto en el que milita, por lo que asegura que de haber sabido como actuaría el presidente del PAN jamás hubiera ayudado a que llegará a dirigir a su partido, toda vez que el dirigente del Partido Acción Nacional en Hidalgo, es acusado de corrupción y malversación de los recursos económicos de esa organización, particularmente en la asignación de prerrogativas para el financiamiento de las campañas electorales de pasado proceso a alcaldías, Congreso local y gubernatura.

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“Los Partidos no se han creído que las mujeres pueden participar en política”: Gloria Romero

“Jamás pensé que con Asael se hubiera vivido la situación que se está viviendo en el partido, yo confíe en su liderazgo pensando que sabía que iba a llevar al PAN a ganar las elecciones y eso me gustaba de él, me motivo su ímpetu como joven, por eso lo apoye y decidí acompañarlo; pero eso no quiere decir que me tengo que casar con las ideas de él no tengo; por lo que no me quede callada y abiertamente he dicho que en las elecciones pasadas hubo un desaseo, una falta de responsabilidad”.

Es necesario recordar que 76 plantillas de Acción Nacional en Hidalgo tuvieron que iniciar campañas dos semanas después, debido a que no cumplían con la paridad de género vertical y horizontal; lo que ocasionó varias críticas al instituto político por su falta de compromiso con las mujeres.

Ante esta situación Gloria Romero León asegura que su partido no hizo lo que le correspondía, “es ahí donde digo que todos debemos trabajar y debemos cumplir con los requisitos. Parece que de pronto quisieron obviar, dejar pasar cosas que están en la ley y que tenemos que cumplir. Por supuesto que el partido tuvo sus errores no es que el Instituto Estatal Electoral (IEEH) debe estar de nuestro lado; también nos ponemos de pechito para que las cosas sucedan y se los dije al Comité Ejecutivo Nacional es de las peores crisis que han ocurrido en años lo que acabamos de pasar, se nos puso contra la pared, al grado de no poder participar muchos candidatos y candidatas que por años habían trabajado para estas candidaturas”.

Por último, Romero León agregó que para que exista una verdadera equidad entre pares, los primeros en creérsela deben ser los partidos políticos; sin embargo, no han hecho este tipo de cuestiones para prepararse y preparar a sus cuadros y permitir una mayor participación de las mujeres.

“Por lo que creo que sí se tiene un avance a fuerza, pero eso es gracias a las exigencias que las organizaciones de mujeres y organizaciones civiles, por lo que creo que nosotras las mujeres debemos atrevernos a participar más, que nos capacitemos y nos preparemos para llegar en condiciones de competencia y de competencia real, y yo creo que ahora es cuando cada vez más las mujeres se tienen que preparar; ya no producto de las exigencias, sino producto del interés nosotras mismas”.