Contracultura

Construcciones del pensamiento, el conocimiento y la imaginación.

¿Qué viene a tu mente al mencionar los cómics? Probablemente Batman, Superman, Capitán América y muchos más pasaron por tu mente por ser de los más populares. tal vez vino a tu mente algún título de otro género: los Simpsons, Rick y Morty o Mi Pequeño Pony, todos son muy buenos pero… ¿algún cómic mexicano cruzo tu mente? Si tu respuesta fue no, te interesarán estos datos.

El cómic mexicano se fue a la baja tras la crisis económica del 1982. Fue un golpe duro para las editoriales. Editorial Novaro, en ese entonces, era la principal editorial de cómics de licencia (Marvel, DC), pero cerró sus puertas. Editoriales como Vid y Ejea, famosas por sus publicaciones de corte familiar, limitaron sus títulos y comenzaron a atraer otro público con historietas de corte picaresco y populista, para más tarde abusar del contenido sexual surgiendo así los comics Sensacionales. Pero desde entonces, el cómic mexicano no ha podido regresar y posicionarse en el mundo, y algunos solo puedes adquirirlos en tiendas especializadas.

Doki Doki City 2018. FOTO: Cortesía

A finales del año pasado, tuve la oportunidad de asistir a un evento en la Ciudad de México: la Doki Doki City, un evento enfocado a temas LGTBIQ. Lo genial de este evento es que todo lo que está en los stands es material original creado por los expositores. Puedes encontrar fan-arts de distintas series y mil cosas más, pero lo que más me llamo la atención fueron los cómics.

Muchos de los cómics que vi eran de romance gay, pues de eso era el evento; pero no fue eso lo que hizo que me fijara en ellos, fue la variedad de estilos de dibujos y lo hermosos que eran. Si bien algunos eran auto concluyentes otros tenían más de dos tomos. Al instante pensé que eran cómics extranjeros y mi sorpresa fue muy grande al saber que la mayoría eran mexicanos. Los que tenían más de un tomo comenzaron como web comics, lo que hacía que la publicación fuera una compilación de este y solo puedan ser adquiridos en eventos donde el artista se presente, o por internet.

La verdad es que existen muchos cómics mexicanos con temáticas y estilos diferentes, muy buenos. El problema es que muy pocos, o ninguno, es apoyado por editoriales para su seriación; se venden de mano en mano, directamente de los autores y pocos son los que alcanzan a llegar a ser impresos en papel. Los autores haces un esfuerzo por imprimirlo y venderlos, sin la intervención de editoriales, haciendo que sus puntos de venta y los números publicados del comic sean pocos.

En mi recorrido por la Doki llegue al stand de Lit ediciones, una editorial mexicana cuyo objetivo principal es apoyar a ilustradoras y escritoras mexicanas que publican su trabajo de forma independiente para que sean reconocidas a nivel internacional, con la premisa de darle al yaoi (romance temática gay) un reconocimiento como género literario. Quedé fascinada con la propuesta de esta editorial, no podía irme sin comprar alguna de sus publicaciones, además de averiguar dónde puedo adquirir más y enterarme de sus nuevos títulos (Si te interesa puedes visitar su página “Lit Ediciones” (www.litediciones.com ) y consultar sus puntos de venta).

La Doki Doki es un excelente espacio para artistas independientes. FOTO: Cortesía

El comic mexicano existe, es muy bueno y de buena calidad, lo malo es que pocos logran un gran impacto en los medios o llegan a ser reconocidos por gente fuera de los círculos sociales, y los que llegan a ser conocidos de forma internacional no son reconocidos ni promocionados en nuestro país.

PACHUCA. –A lo largo de dos jornadas, felizmente participamos en los “Diálogos por la Cultura”, una iniciativa de la Secretaría de Cultura del Estado de Hidalgo a la cual fuimos convocados expertos y expertas para brindar opiniones y enriquecer con experiencias la elaboración de lo que será la próxima Ley de Cultura hidalguense. 

La presidenta de la Agencia Alternativa Desde Abajo, Tania Meza, tuvo parte importante de este encuentro al moderar la mesa sobre “Financiamiento a la Cultura” y como panelista en el foro sobre “Diversidad cultural” abordando la importancia de la igualdad de género y diversidad sexual. 

La Agencia Alternativa Desde Abajo mediante nuestra presidenta Tania Meza (centro) presentes en los Diálogos por la Cultura.

A nuestro nombre, Meza subrayó la necesidad de que la Ley de Cultura aborde las manifestaciones culturales en todo su rigor y rango, y no sólo con una visión de la creación artística, tomando en cuenta los parámetros de asimilación de pueblos, grupos y colectivos específicos, desde los pueblos originarios, afrodescendientes en Hidalgo, la población LGBTTTI y las personas con discapacidades. 

Siendo la Agencia Alternativa Desde Abajo una organización local con impacto global, expusimos la importancia de coaligar la nueva Ley de Cultura con lo signado por el Estado mexicano ante otras naciones del mundo mediante la Agenda de Desarrollo Sostenible, o Agenda 2030, en la cual se prioriza la diversidad cultural como uno de los elementos que los gobiernos no pueden soslayar para contar con sociedades y personas con bienestar. 

Olaf Hernández (centro) secretario de cultura estatal, presenta sus conclusiones al cierre del foro sobre diversidad cultural.

Los Diálogos por la Cultura contaron con la presencia del secretario de cultura de Hidalgo, Olaf Hernández, quien destacó los resultados de estos encuentros para contar con una legislación pertinente y diversa. Así mismo, resaltó que Hidalgo podrá contar con una Ley especializada como muchos otros Estados no la tienen, reflejando los esfuerzos de pueblos, organizaciones y personas en la construcción de un marco normativo que les beneficie. 

Toamos parte de estas actividades siendo la Agencia Alternativa Desde Abajo una iniciativa de proyectos periodísticos y culturales donde proponemos una activa defensa de los derechos humanos. 

 

El autor hidalguense Yuri Herrera presentó su nuevo libro, “Talud”, una obra que recoge doce cuentos escritor a lo largo de su carrera literaria. FOTO: Cortesía

PACHUCA, Hidalgo, México. –La narrativa de Yuri Herrera es un paseo emocionante por la plaza pública. Recoge las voces del comerciante que también es poeta, del cantante popular, del migrante que en el brusco trajín de su travesía no pierde la ternura, ni lo cábula, de voces y espacios que, a través de su pluma, renacen con una nueva manera de ser contados.

En su nuevo libro “Talud”, encontramos otro viaje en el estilo de quien fue calificado por la prensa alemana como el “Rulfo del siglo XXI” por sus obras “Trabajos del reino “ (2003) y “Señales que precederán al fin del mundo” (2009).

No obstante, Herrera (Actopan, Hidalgo, 1970) se desmarca de tal comparación. “Rulfo es como una estatua al centro de la plaza”, dice, “hacemos nuestra vida alrededor de ella, todo lo que hagamos será alrededor de ella”. Cierto. Y este autor hidalguense es como el restaurador, que toma el patrimonio, lo pinta de luz y lo apuntala con un nuevo brillo. De pronto la audiencia se sorprende al ver que, lo que siempre ha estado ahí, ha sido reconstruido y obsequiado desde la inspiración del artista.

Yuri Herrera es doctor en lingüística y profesor de la Universidad de Tulane, Nueva Orleans, ganador del Premio Binacional de Novela 2003 y Otras Voces en 2009. Presentó “Talud” en la Feria del Libro Infantil y Juvenil del estado de Hidalgo. Un evento organizado por la Secretaría de Cultura hidalguense cuya edición 2017 fue dedicada, precisamente, a Rulfo en su centenario y a la poeta pachuqueña Margarita Michelena.

“Talud” fue presentado en la feria del Libro Infantil y Juvenil de Hidalgo. En imagen, Luis Frías, presentador, y Yuri Herrea, autor. FOTO: Cortesía.

“Talud” (Literal Publishing, Houston, 2016, 64 p.) es un libro de doce cuentos que, según su autor, no se basan en un personaje en concreto y fueron publicados en periódicos y revistas, algunos escritos en los meses recientes en la residencia de Herrera en Nueva Orleans, otro, específicamente “Alegoría de una biblioteca”, cuando el escritor tenía diecisiete años.

Se trata de una obra que complace a las ya conformadas huestes seguidoras de la narrativa del actopense, que siempre buscan (buscamos) abrevar más de su peculiar estilo, el cual apuntala la etopeya y el lenguaje popular en un discurso elíptico y al mismo tiempo simple, algo muy difícil de conseguir y encontrar en la literatura contemporánea, salvo con el estudio, la concentración y el compromiso con los espacios creativos que caracterizan a Herrera. Esto con razón le ha valido el aplauso de jurados, periodistas y, por supuesto, público lector en América y Europa.

Por supuesto, no queda más que recomendar la lectura de “Talud” y de toda la obra de Yuri Herrera, quien está llamado a ser, sin duda, una de las plumas importantes de México.

Foto: Cuartosocuro
Foto: Cuartosocuro

 

Desde su creación, este blog en Desde Abajo ha buscado cubrir tópicos específicos: análisis de medios, manejo de imagen pública, marketing político y social, cultura de masas y, por supuesto, la construcción de la opinión pública… hemos analizado muchos ejemplos específicos, tanto locales como nacionales e internacionales, históricos y coyunturales… sin embargo, jamás pensé que la misma columna se convertiría en uno de estos estudios de caso… así pues, lo que leerán a continuación, es un análisis de la opinión pública acerca de la anterior publicación de Black Mass Media:

Hace unos días, publiqué en esta agencia un análisis referente a las presentaciones masivas de Roger Waters y la banda La Trakalosa de Monterrey, ambos casos desde su función y justificación como actos públicos culturales y de entretenimiento. En breve, el análisis apuntaba a una defensa de la existencia de este tipo de eventos, ya que, sin importar si sus promotores (el gobierno federal y el de la CDMX con apoyo de la IP, respectivamente), llegaran a utilizarlos como un distractor de otros males sociales, los músicos no suelen ser parte de dichas agendas ocultas y su intención es simplemente difundir su música.

Sin embargo, aunque calculado, no imaginamos tantas expresiones de rechazo, e incluso de odio, hacia el artículo: los fanáticos de Roger Waters enardecieron en el Facebook de la agencia en contra de la publicación y de su autor.

Si los tópicos de la columna fueran otros, dichas expresiones no hubieran pasado del momento divertido de leer a decenas de prog fans indignados de ver al ex bajista de Pink Floyd en el mismo enunciado que La Trakalosa. Sin embargo, el marcado patrón de expresiones nos llevó a mirar detenidamente lo que sucedía.

“Ignorante… derechista… ridículo… nefasto… imbécil… idiota… pendejo… hambreado… bruto… lamebotas… simple opinólogo… cómo te atreves… no sabes nada de música… no mereces publicar… hay que leer tantito… ten madre… lo peor que he leído en este sitio…”, entre otras linduras, me dedicaron los ofendidos fans del británico.

Primeramente, al ver superada la estimación de hate comments – la mayoría de ellos, fanáticos de Waters verdaderamente ofendidos – confieso que comencé a dudar del artículo (aunque aclaro, nunca de mi postura ante la comparativa de ambos eventos públicos, pero sí de mi capacidad de redacción): ¿Había sido ofensivo, discriminatorio, o despectivo hacia los fans de Waters? … porque de ser así, entonces sí me había equivocado seriamente… así que recurrí a una fan from hell de Pink Floyd, tanto con la autoridad moral para hablar de la banda, con una gran capacidad de pensamiento crítico, así como de ser alguien que tiene mi confianza absoluta para, en caso de haberme equivocado, haberme dicho sin sutilezas: “Vlad, tienen razón: SÍ eres un reverendo pendejo”.

Al final, su veredicto fue claro: “No me resulta ofensivo: es crítica social y no musical; y ciertamente te pone a pensar. Por lo general, cuando se dan este tipo de eventos, no te pones a mirar el trasfondo” … su opinión me tranquilizó, pero lo que me abrió los ojos a entender el enojo de tantos fans, fue su comentario irónico / sarcástico en referencia a la afirmación del título del artículo (“el día que Roger Waters y La Trakalosa fueron exactamente iguales”): me dijo que, como fan de Pink Floyd, “¡Eso sí fue algo fuerte!!!”

Y fue ahí donde todo cayó en contexto:

De manera muy general, dentro de aquel artículo mencioné un término que ha sido tocado por teóricos de la comunicación como Shanto Iyengar, Douglas McLeod y Manuel Castells: la Ignorancia racional: un desconocimiento de causas profundas de la sociedad por voluntad propia y no por falta de capacidad intelectual; una selección de qué quiero saber y qué no; cómo quiero pensar y cómo no... Dicho concepto terminó siendo fundamental para entender las críticas al artículo, además de que nos lleva a otro concepto denominado Aprendizaje mediático:

La construcción de un mensaje suele partir del hecho de que la gente necesita información para analizar y posteriormente tomar una decisión sustentada de qué actitud tener ante un hecho: es decir, para aprender acerca de los acontecimientos…  sin embargo, Iyengar planteaba que dicho aprendizaje suele ser superfluo, debido a que las personas ya tienen una opinión al respecto de algo, sin importar si tienen mucha o poca información, o incluso, ante una absoluta ignorancia de los hechos más allá de su existencia.

Esto se debe a que la gente considera que no necesita muchos datos para formarse una opinión; y decide tomar “atajos informativos”, reteniendo sólo generalidades que terminan por simplemente soportar una opinión subjetiva que ya se habían formado anteriormente: así que sólo buscarán información que únicamente reforzará sus propios prejuicios, y no que le brinde un contrapeso crítico.

Esto trae como otra consecuencia, el efecto Front page: es decir, cuando la gente pone atención a titulares y fotografías, y determina su conocimiento acerca de un acontecimiento a partir de sólo estos, sin ahondar en editoriales y contenidos que profundicen o coloquen los hechos en contexto.

Pero bueno, ¿qué tiene que ver la ignorancia racional, el Knolewdge gain y el efecto Front Page con que me mentaran la madre los fans de Roger Waters? Y la respuesta está en el análisis de dichas expresiones.

Para sustentar dicho análisis, No pude evitar caer en la tentación de hacer un (muy general) estudio estadístico acerca de las opiniones al respecto del artículo, y cuyas principales observaciones son las siguientes:

 

1)      De todos los comentarios vertidos tanto en el sitio como en la Fan Page de Desde Abajo, el 76% fueron críticos / negativos; contra un 24% abiertamente favorables o con tendencia hacia apoyar los postulados.

2)      La postura del efecto Front Page, reside en que, del total de los comentarios negativos, el 54% critica el artículo con afirmaciones del tipo: “musicalmente no hay comparación entre lo que hacen ambas agrupaciones” o “la Trakalosa nunca estará al nivel de trascendencia de Waters” (aunque la mayoría, con un lenguaje un poco menos “políticamente correcto”); esto, a pesar de que (como varios de los comentarios a favor mencionaron) el artículo JAMÁS hace una comparación musical, técnica o de trascendencia cultural entre ambas bandas, sino los estudia como meros eventos públicos masivos. Esto nos lleva a inferir que ese 54% basó su crítica meramente en el título del artículo, no lo leyó completo, o no fui capaz de explicarme para ellos.

3)      La postura que refuerza la ignorancia racional, es que el 34% de los comentarios negativos no dieron argumentos críticos basados en el contenido, sino que sólo hicieron comentarios agresivos hacia el autor, probablemente debido a que, dada la postura editorial de Desde Abajo, esperaban encontrar contenido que hiciera apología de un icono contracultural como Roger Waters y que reforzara su identidad transgresora (común y correctamente asociada al perfil estándar, tanto de lectores de DA, como de oyentes de PF), y no un texto que buscara dar otra visión distinta de su presentación en el Zócalo y la colocara “al mismo nivel” de un ejemplo de industria cultural como La Trakalosa.

4)      Dentro de la misma estadística anterior (más la de un 12% de desacuerdo general o basado realmente en los postulados del artículo), la ignorancia racional nos llevó también a caer en una “ilusión de generalidad” de nuestra idiosincrasia: otro de los principales argumentos de crítica fue “con La Trakalosa fueron acarreados, y con Roger Waters, no” … créanme: como músico, compositor y simple fan acérrimo del Progresivo (aunque muchos también me acusaron de ser un ignorante musical y un mero fan grupero), nada me daría más gusto que esa afirmación fuera correcta… sin embargo, sería muy iluso pensar que, en este país, el género musical de La Trakalosa No tiene el mismo (o tal vez más) poder de convocatoria que Roger Waters… si en verdad hubo acarreados el día del grito, estos habrían sido llevados a fin de evitar una protesta masiva contra el gobierno federal, y no para llenar el concierto de los regiomontanos… nos guste o no reconocerlo, si no hubiera habido acarreados por fines políticos, el Zócalo también se hubiera llenado con un evento gratuito basado en música de Banda y grupera.

5)      La más grave de las conclusiones del análisis: del total de los comentarios negativos, el 59% utilizó expresiones clasistas y discriminatorias para defender su postura. Una burda defensa para explicar que su gusto musical los hace superiores de aquellos que no comparten su ideología, que sus preferencias melómanas les daba derechos que otros no deberían tener, que ellos eran automáticamente más cultos, más refinados y con mayor poder adquisitivo que los fans de la música grupera, y en general, que su valor como persona era mayor por escuchar un género menos comercial (una visión que el mismo artículo criticaba al hacer una analogía de estas expresiones con los argumentos homófobos de movimientos como el yo decido x la familia) … lo paradójico de ello, es que dichas expresiones son una contradicción directa a su autodefinición de seres más abiertos, incluyentes y liberales que delimitaría a un fan de música contracultural elaborada como es el Progresivo… Un comportamiento que fomenta la idea de que nadie con una forma de pensar distinta a la suya tiene cabida en este mundo (algo que, curiosamente, es una crítica recurrente en las letras y discursos de Roger Waters).

6)      Finalmente, “lo bueno casi no se cuenta pero cuenta mucho”: si bien es cierto que el 76% de los comentarios son en contra de la publicación, los otros canales de expresión de Facebook van en sentido opuesto: el 82% de las reacciones son positivas (el otro 18% pertenece a los “me divierte” y los “me sorprende”, que son posiciones ambiguas en este caso); mientras que el 98% de las veces que se compartió el artículo, la intención fue de difusión y probable concordancia con las ideas expuestas en el mismo… sin embargo, henos aquí escribiendo sobre las reacciones negativas, dado que suelen ser las que más impacto de difusión suelen tener aunque sean minoría (en algún plano metafísico, Elisabeth Noelle-Neumann debe estar sonriendo…)

 

Al final, esto no es porque alguien me mentó la madre en Internet: es innegable que existe un doble discurso y doble moral en nuestra sociedad más allá de nuestros gustos musicales… ¿De qué me sirve escuchar discursos y música hecha por personas críticas, de mente abierta y con posturas de igualdad social como Waters, si cuando termina su concierto vuelvo a despreciar a quien no piensa como yo? ¿De qué me sirve abrir la mente en la música si soy incapaz de abrir la mente en la sociedad para darle cabida a otras expresiones, a otra información, o al hecho de aceptar que tal vez no todos han tenido la misma oportunidad de acceso a la cultura?

Si la cultura no te hace una persona más abierta y tolerante, entonces no importa cuántas páginas tuvo el libro, cuántos cambios de ritmo tenga la canción, qué tan visualmente vanguardista es la película que ves, o a qué expertos sigas en las redes… seguirás promoviendo los mismos valores que aquellas visiones retrógradas y fundamentalistas que tanto criticas…

 

“Us and them
And after all we’re only ordinary men […]
It was only a difference of opinion, but really I mean,
good manners don’t cost nothing, do they, eh?”

Foto: La Jornada
Foto: La Jornada

 

Este fin de semana Roger Waters trajo a la CDMX un concierto gratuito lleno de Rock Progresivo y crítica social, dando lugar a un fenómeno social paradójico entre sus críticos y asistentes. Pero, ¿de verdad es Roger Waters otra cortina de humo distinta a la Trakalosa de Monterrey?

El pasado 15 de septiembre, Enrique Peña Nieto celebraba un grito de independencia lleno de acusaciones de no permitir a la gente da pie entrar al zócalo y llenarlo con acarreados, a fin de que no se hicieran reclamos públicos sobre su administración. También, por segundo año consecutivo, miles de voces críticas acusaron al gobierno federal, pero principalmente a los actos confirmados de entretenimiento para dicho evento, de fomentar la ignorancia racional de la sociedad mexicana, y hacernos olvidar los asuntos urgentes nacionales a ritmo de banda, este año, fue con la Trakalosa de Monterrey.

“Traidores a la patria” rezaban comentarios, memes, y otras publicaciones extremistas que acusaban a estos gruperos de ser parte de un montaje mediático de distracción que evitara transmitir por las pantallas un país dividido por sus problemas políticos y sociales que se han agravado en las últimas semanas. “Conspiradores capitalistas en busca de la obediencia popular, cuyo fin maléfico de existencia no es nada más que ser parte de un plan integral para hundir al individuo común en su propio oscurantismo y sumisión social”.

Sin embargo, cinco días después, el gobierno de la CDMX anunciaba con bombo y platillo la presentación gratuita en el Zócalo de la ciudad del mítico Roger Waters, una de las mentes maestras detrás de la leyenda melómana atemporal que significa Pink Floyd, icono por excelencia de la transgresión musical y social; estandarte de la crítica al capitalismo, a la visión  industrializada de mundo y a la automatización del individuo; haciendo que los feroces críticos de la Trakalosa olvidaran las teorías de la conspiración en contra de “los músicos vendidos traídos por los gobiernos”.

Tampoco fueron pocas las voces que acusaban a los fans de Waters de doble moralistas, y se burlaban en mismas publicaciones digitales de lo que catalogaban como “un discurso convenenciero falto de principios sociales bien sustentados y listos para ser intercambiados por la siguiente tendencia posmoderna del día”.

Entonces, si la premisa básica de la crítica a la Trakalosa era que apoyaron al gobierno en un montaje distractor de los problemas sociales y fomentaron la ignorancia y el egoísmo colectivo, ¿qué hace distinta dicha presentación de hace una semana, a la del ex líder de Pink Floyd de hace dos días? Y la respuesta es: NADA… son exactamente iguales.

(Sin embargo, antes de que crucifiquen este escrito y me acusen de alineado derechista y fanático de la banda, permítanme terminar esta postura):

Claro, los fans de Waters defendieron a capa y espada su postura cambiante, alegando que el británico siempre llena sus conciertos con discursos críticos a los gobiernos del país donde se presenta, que es una activista social y político y que por décadas ha defendido causas que fomentan el bienestar social (lo cual, es necesario apuntar, es cierto). Muchos otros más, en un discurso absolutamente clasista y discriminatorio, se limitaron a centrar su defensa en “porque la Trakalosa hace música de mierda y Waters no” (lo que es lo equiparable a decir “porque yo valgo más como persona que los que no piensan como yo, y por eso yo tengo derechos y ellos no”; y lo cual, es el mismo sustento de movimientos fundamentalistas como el yo decido x la familia… pero eso es tema de otra columna).

Sin embargo, a pesar de que cada postura puede encontrar argumentos perfectamente válidos en favor y en contra, lo cierto es que ninguna de las dos presentaciones significa algo diferente en su papel como entretenimiento para las masas… pero, lo fundamental de este alegato, es que, Ni Waters ni la Trakalosa hicieron absolutamente nada malo.

El papel del gobierno como proveedor de bienestar social, no sólo incluye los beneficios básicos de salud, alimentación, seguridad, vivienda, infraestructura pública, derechos humanos, entre otros: el gobierno como institución, es también responsable de fomentar cultura y entretenimiento, y la participación social de sus individuos. Cierto, tal vez en comparación con las grandes necesidades de México, el entretenimiento y la participación social caigan en un nivel muy bajo de urgencias de cobertura, pero eso no significa que no se deban atender. Así pues, sí es obligación del gobierno destinar recursos para eventos como los dos conciertos analizados.

En el caso específico de la Trakalosa, la celebración del 15 de septiembre es responsabilidad gubernamental y debe destinar recursos para conmemorar y fomentar las fechas patrias y la construcción de la identidad nacional. Además, tal vez las necesidades de protección popular del presidente en turno sean mucho mayores a otras administraciones, pero lo cierto es que desde siempre se han presentado innumerables actos musicales en las celebraciones del zócalo. Los músicos son pagados para esto y para ellos (aun cuando dichos actos podrían tener o no una ideología política especifica que les haga aceptar o rechazar dichas invitaciones), es nada más que una presentación de negocios y de promoción que no tiene nada que ver con la polarización política coyuntural. Al final: el gobierno cumple su responsabilidad de fomento cultural y tradicional, y la banda decide aceptar una oportunidad de alcanzar a miles de personas en una presentación.

Por su parte, Roger Waters está aceptando la invitación a un evento de la misma índole, que cubre las obligaciones gubernamentales de fomento cultural, de fomento a la participación cívica y a su pleno derecho de uso de una plaza pública; Waters, al tener una agenda política personal, evalúa si accede a la invitación de un gobierno a este tipo de eventos. En este caso, es un negocio para él que no choca con su imagen y acepta participar en este concierto; el cual, por cierto, el gobierno de la CDMX ha afirmado que no se paga con impuestos, sino que son corporaciones y particulares los que costean los honorarios del músico, mientras que la ciudad se encarga de la logística y seguridad del evento.

Así, en ambos casos, es otro ganar – ganar en cuestiones de negocios, responsabilidad social y relaciones públicas para el gobierno, los músicos, los patrocinadores y por supuesto, para los fans de ambas agrupaciones que pueden asistir a un evento que, de otra forma, su economía difícilmente les permitiría presenciar.

Por supuesto, no todo es color de rosa en ambos eventos: al final, la participación de una banda tan popular como la Trakalosa permitió llevar a más personas que los hizo distraerse de su realidad precaria a un evento donde existía el riesgo de una protesta social; mientras que Waters va por un target de consumo crítico que también guardó silencio en un fin de semana donde la ideología de este segmento de personas suele ser muy crítica por las fechas conmemorativas en México (y la prueba está en que ni siquiera la mitad de las personas que fueron a Waters el sábado y se llenaron la boca gritando “fuera Peña”, “ni perdón ni olvido” o “nos faltan 43”,  estuvo presente el domingo para conmemorar el 2 de octubre)… sin embargo, a pesar de que ambos eventos pueden ser usados como las famosas cortinas de humo de las que tanto reclamamos su existencia (Shanto Iyengar, ya establecía como efecto Priming de la mass media, la concentración de la imagen pública de una actor político a partir de los eventos efímeros que sucedían en el momento actual, y no en la generalidad de su rendimiento); y a pesar de que las dos administraciones bien pudieron manipular la popularidad de los artistas y usarlos como distractores, ambos casos terminarían siendo una manipulación mediática del gobierno y los medios, mas no de Waters y la Trakalosa.

Lo mismo sucede con otras “cortinas”: ni las telenovelas, ni el fútbol, ni la farándula tienen la culpa de si llegan a ser usados como distractores: la culpa compartida es del círculo vicioso gobierno – medios –  sociedad: tanto de  gobiernos ineficaces que necesitan que la gente no sea crítica; de medios que rehúyen de su responsabilidad de informar para concentrarse en el negocio de entretener;  como de una sociedad cuya ignorancia racional (es decir, el desconocimiento de causas profundas por voluntad propia y no por falta de capacidad intelectual) les hace concentrarse en asuntos de poca relevancia, pero más entretenidos, en vez de preocuparse por los asuntos trascendentes para su propio progreso social.

En resumen: si tú que estás leyendo esto fuiste al zócalo a ver a la Trakalosa o a Roger Waters (¡O si eres tan versátil en la música que fuiste a ambos!), no te sientas mal, estás en tu derecho, es obligación del gobierno proveerte estos momentos, y los músicos sólo quieren hacer música… sólo que, cuando el concierto termine, recuerda que no debes dejar de prestar atención al destino de tu país…