Los migrantes somos el desecho del capitalismo. Migramos porque en nuestro territorio no existen condiciones necesarias para vivir dignamente y preferimos arriesgar la vida con tal de ganarla un poco.. ¿Qué tuvo qué pasar para llegar a este nivel de necesidad?

El trabajo ya no dio lo suficiente para vivir y nos empobrecimos al grado de la hambruna. Esto no siempre fue así. Antes, nuestras familias pudieron subsistir. La tierra daba lo suficiente, la fábrica otorgaba los derechos necesarios. Pero un día todo acabó. La entrada de las políticas capitalistas luego de la segunda guerra mundial favorecieron a las grandes empresas, pauperizando gradualmente el modo de vida de la clase trabajadora.

Integrantes de la caravana migrante centroamericana se lanzan al río Suchiate que une a México con Guatemala, para intentar entrar al lado mexicano. FOTO: REUTERS

Todo se reduce a lo que separa los regulares de los psicópatas: la moral. La voracidad, el ímpetu de ganancia sin límites, es lo que ha propiciado la concentración de la riqueza en unas cuentas manos. Es mentira que detrás de cada millonario se halle una historia de esfuerzo y sacrificio; en realidad, son pocos, realmente muy pocos quienes crearon su fortuna así. En la gran mayoría de los casos, el dinero surge gracias a la sobreexplotación de las y los trabajadores. Son estos quienes producen la riqueza de la cual gozan sólo algunos, considerados ricos.

Los trabajadores, al carecer de oportunidades de progreso (como de las que carece un naranjo plantado en el desierto), rentan lo único que tienen: su fuerza de trabajo. La rentan a quienes sí tienen esas oportunidades, tales, que son dueños de los medios con los cuales se produce todo lo que necesita el ser humano moderno para sobrevivir: energía, infraestructura, alimentos, acueductos y hasta la provisión de salud y educación. A cambio de su trabajo, el rico le da al trabajador una parte de la riqueza que produce, una mínima parte. Por ejemplo, un análisis de la UNAM reveló que un obrero promedio genera el valor de un día de trabajo en sólo nueve minutos. ¿Donde queda la riqueza que genera en las siete horas con 41 minutos restantes? Por supuesto, se las queda el rico. Es así como logra obtener su riqueza, sobre-explotando.

Esta lógica fue ganando cada vez más poder al punto que supeditó al Estado a su servicio. Incluso, millonarios como Donald Trump de hecho se hicieron gobernantes políticos. Entonces arrasaron con todo y mataron a la gallina de los huevos de oro. A la clase trabajadora la hicieron desecho y esta ¿que haría entonces? Por supuesto, migrar para no morir de inanición. Y como era de esperarse, los que antes nos explotaron, ahora levantan muros y mandan a la policía para no dejarnos salir de nuestro confinamiento.

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L. Alberto Rodríguez
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Ante todo, reportero. También profesor, escritor y periodista-activista casi de tiempo completo. Director editorial de la Agencia Desde Abajo. Premio nacional de periodismo "Rostros de la discriminación". Paso muchas horas al día pensando en una nueva historia para escribir.
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